La violencia. Cuando se cita la violencia, enseguida relacionamos la palabra con los crímenes que son víctimas las mujeres, por causa de la repercusión mediática que han alcanzado. Pasan los años, los crímenes no cesan y no se ve la solución por ningún lado. Desde que Donald Trump, en su campaña electoral menospreciara y vejara verbalmente a las mujeres, el movimiento feminista de Hollywood ha esparcido por todo el orbe capitalista un impulso desde la metrópoli y todas las mujeres del imperio se han vestido de morado. De esa forma el sistema nos tiene entretenidos viendo la película de la violencia machista y mientras tanto no se habla de la VIOLENCIA del sistema Como en atajar los crímenes contra las mujeres avanzamos poco, sería conveniente dar un paso más y denunciar todas las violencias que conforman la GRAN VIOLENCIA inherente al capitalismo neoliberal. Los capitalistas necesitan que haya crímenes de todo tipo, delincuencia de todo nivel, porque en una sociedad violenta se genera un gran nicho de mercado. A la vez que denunciamos los crímenes machistas, debemos denunciar también, o por lo menos no callarnos, que mientras el sistema político considere la delincuencia y el crimen como un nicho de mercado, siempre habrá poderosos grupos con influencia política para promover ese mercado. El mundo de la violencia y la delincuencia tiene muchos apartados, entre ellos el mercado internacional de la droga al ser un producto prohibido tiene que circular al margen la legalidad pero como mueve grandes cantidades de dinero genera a su vez intereses paralelos e irregularidades de todo tipo, para que sus consumidores tengan asegurado su suministro tiene que ser por canales ilegales. Es un producto dañino para la salud de muchas personas y causa estragos en la sociedad porque son muchas las personas afectadas. Genera, solo en los EE.UU, 70.000 muertos al año y muchos miles más en el resto del mundo, para el capitalismo es un simple daño colateral del “libre mercado”. Como es un producto muy dañino para la salud física y mental de la ciudadanía, declaran ilegal su tráfico y consumo, no obstante sigue circulando moviendo grandes sumas de dinero que circula fuera del control de los sistemas fiscales establecidos. La persecución policial de esa actividad genera materia prima para las cárceles de donde obtienen sus beneficios las empresas de seguridad. El consumo y tráfico genera delincuencia, violencia e inseguridad ciudadana que sirven de argumento electoral a la extrema derecha para legalizar la tenencia de armas, proponiéndolo ante los ciudadanos como un derecho a defenderse. Eso es lo que le interesa al capitalista fabricante de armas, al capitalista de la seguridad, a los capitalistas de los bufetes de abogados, a los capitalistas de la sanidad y en último término de las funerarias. En España, los informativos de las empresas privadas de televisión (lo que conocemos como medios de comunicación) hacen alarde de crímenes y actos violentos con el fin de popularizar la violencia como algo inherente a una “sociedad libre”. Cuando hayamos alcanzado el grado de violencia de los EE.UU, Méjico, Brasil y otros países de América, la ultraderecha, que son los mismos que fabrican las armas, encontrarán el terreno abonado para anunciarnos que ellos restaurarán el orden, daremos por bueno el endurecimiento de las leyes, justificaremos, incluso con nuestros votos la represión y el recorte de las libertades. No se escribe sobre la violencia como problema social, dan noticias sobre hechos violentos de todo tipo, como hechos aislados. No conozco trabajos de científicos sociales que traten sobre la sociedad de la violencia con crudeza, huyendo de lo políticamente correcto. Nos han convencido que vivimos en una sociedad segura basándose en datos que si los comparamos con otros países vemos que, efectivamente así es. Si ponemos cifras a la delincuencia veremos que mientras en EE.UU, paraíso del capitalismo más brutal, tienen 565 presos por cada 100.000 habitantes, en España tenemos 135. Los datos que se publican sobre delincuencia se dan en cifras por cada 100.000 habitantes. En EE.UU se dice que hay una tasa de suicidios de 40 por cada 100.000 habitantes o de 30 por arma de fuego o de 60 por sobredosis de drogas. Brasil, El salvador, Méjico, Colombia, Guatemala, Venezuela tienen tasas parecidas a EE.UU. En España estamos muy alejados de los americanos en materia de delincuencia. Los países antes citados pertenecen a la órbita de influencia cultural, social y económica de los EE.UU, como quiere el PP que pertenezca España. Desde Fraga, Hernández Mancha, o Aznar siempre les oí decir al PP que su modelo social eran los EE.UU y más concretamente el partido republicano del Donald Trump. ¿Pretenderá el PP conseguirle a los capitalistas españoles un nicho de mercado de la violencia tan extenso como el de los EE.UU, salvando, lógicamente el nivel de población? Parece que las ideas del nuevo patroncillo del PP y el injerto que se ha puesto en el lado derecho de su tronco van por ese camino. Como el capitalismo en general y la derecha española en particular, carecen de escrúpulos, se han dado cuenta que, como ellos consideran a la violencia como un nicho de mercado en el que comparando España con los países antes citados, aquí encuentra ese mercado un enorme potencial de crecimiento. Los crímenes y todo tipo de actos delictivos ocupan los informativos de las empresas televisivas de propaganda del capitalismo; no los dan con la intención de informarnos, sino con el fin de popularizar el negocio. Si nos saturan de noticias de actos delictivos, incluso de crímenes, llegaremos a banalizar la delincuencia, a considerarla como algo cotidiano, como un “daño colateral de una sociedad libre.” El capitalismo carece de sentimientos humanos para todo. Utiliza el cine, la televisión, la prensa para propagar el crimen, el consumismo desmedido, exhibe ante los pobres, que somos la mayoría, el lujo y la abundancia desmedida de unos pocos, nos induce a un consumismo compulsivo e insaciable invitándonos a endeudarnos para comprar objetos que no vamos a necesitar. Hace apología de todos los peores vicios y de toda inmoralidad creando una sociedad exenta de valores morales y ausente de sus problemas verdaderos. Cuando la violencia llega a los extremos que ha llegado en los países citados, son los mismos gobernados los que piden a sus gobernantes el endurecimiento de las leyes, el aumento de las penas que siempre significa la restricción de las libertades para un mayor control de la población. El endurecimiento de las leyes conlleva elevar el número de presos, que significan materia prima gratis para que obtengan beneficios las empresas que vigilan las cárceles, porque previamente los capitalistas gobernantes ya habrán concedido el negocio de la vigilancia a sus socios. En todos los países del mundo hay gente de bien que quiere vivir en paz, cuando la delincuencia llega a extremos insoportables sale un Bolsonaro o un VOX sin escrúpulos, como en Brasil y ahora en España, siempre de extrema derecha, proponiendo mano dura y ofreciendo a la población el derecho a ir armado, quizá en connivencia con el fabricante de armas y el de la seguridad que le habrán financiado la campaña electoral. .En los USA, paraíso del “libre mercado” con sus 70.000 muertos por sobredosis de drogas, 45.000 por suicidios, 38.000 por las armas de fuego y 40.000 por accidentes de tráfico, 5.000 muertos en accidentes de trabajo proporciona al mercado funerario todos los años una materia prima extra de 200.000 cadáveres que a 7.500 $ significan un negocio de 1.500.000.000 de $. La inversión en el mercado de la violencia es muy variada, desde la fábrica de armas de fuego, fabricación e instalación de sistemas individuales y colectivos de detección, da más trabajo a las empresas de los capitalistas sanitarios y los de las empresas de los abogados, aseguradoras, más misas de difuntos al imperio vaticano, incrementa la fabricación ataúdes, da más ocupación a los tanatorios, a los coches fúnebres, fabricantes de lápidas, sostenimiento y ocupación de cementerios y un largo etcétera. Para los capitalistas todo es “libre mercado.” Si el nivel de delincuencia actual no diera resultado, el siguiente paso sería que los que tienen armas se dedicaran, arma en mano, a robar por casas y calles, entonces aparecería un Bolsonaro Abascal en VOX y nos ofrecería llevar armas todos, como en los EE.UU o ahora en Brasil y obtendría una gran victoria el capitalista fabricante de armas, que probablemente haya financiado la campaña electoral de D. Bolsonaro Abascal. En este apartado los gitanos sirven al capitalismo haciendo de pioneros en el uso y tenencia de armas. En un país donde gana las elecciones el que más roba, los gitanos están en su paraíso. En España los gitanos son unos extraordinarios colaboradores con el capitalismo de la violencia y el crimen, no hay ninguna actividad al margen de la ley donde los gitanos no tengan presencia; hacen exhibición de armas de forma reiterada, no sé si será por encargo de las empresas de propaganda del capitalismo para poder airear durante varios días la noticia y promover el ambiente electoral propicio para la naciente ultraderecha. Todas las empresas de propaganda de la patronal, desde hace tiempo dan mucho protagonismo a todo tipo de actos delictivos o que alteren la seguridad ciudadana, es parte de la campaña electoral de la ultraderecha; el inútil, zafio, parásito, corruptor y corrupto capitalismo español tiene prisa por privatizar las pensiones, lo que queda de la sanidad, educación, dependencia y otras áreas de la administración pública. Las empresas de propaganda de la patronal con programación más extremada no dudan en llamar al PP y al Cs como la derecha “maricomplejines” porque privatizan poco de prisa y además han cedido a la revalorización de las pensiones, gracias a las manifestaciones de los pensionistas, en lugar de avanzar más en su privatización. Necesita una derecha que no sea “maricomplejines”.Si este injerto de derecha aun más salvaje que se ha puesto el PP dijera en la campaña electoral lo que verdaderamente va a hacer no le votaría nadie. El capitalismo de la delincuencia necesita crear áreas de posibles votantes, que la gente asuma la inseguridad ciudadana como un problema de primer orden para que la ultraderecha convierta la mano dura como oferta electoral, el capitalismo necesita crear un campo donde encontrar votos y aquí tenemos a los gitanos como eficientes colaboradores con el capitalismo. Nosotros, los ciudadanos corrientes, los que no tenemos la delincuencia como forma de vida vemos a los gitanos como delincuentes y parásitos, pero en realidad son colaboradores del poder haciéndole los trabajos sucios. Constantemente tenemos noticias que han detenido a delincuentes por trigésimo quinta vez y que los soltaron a las dos horas. Es comprensible, los capitalistas de la seguridad los necesitan en su puesto de trabajo, es decir, robando, que es desde donde le son a ellos productivos; de acuerdo que a los demás nos puede amargar la vida, pero esto es el capitalismo y lo único que es sacrosanto es el derecho al beneficio del capitalista, no hay ningún derecho tan sólido como ese, el capitalista tiene derecho a conseguir el beneficio como sea, es el derecho más consolidado en la democracia liberal, todos los derechos de los ciudadanos se supeditan a ese y si hay que restringir los derechos del resto se restringen, para ejemplo la Reforma Laboral o la Ley Mordaza. En el mercado de la delincuencia y del robo los gitanos son un ejemplo de eficacia por sus siglos de experiencia en la actividad y eso los capitalistas lo agradecen porque en definitiva son compañeros de viaje. Hay un dicho gitano que dice que “un ladrón es un empresario, mientras no lo cojan”, como los del IBEX 35 o el imperio vaticano, se diferencia en que los gitanos practican la delincuencia de baja intensidad y los del índice bursátil y los levitas de la pederastia de alta. Dentro de ese contexto generalizado de violencia, una vez más dedicamos un día a resaltar y a condenar la violencia machista, como se denomina a los crímenes de los que son víctimas las mujeres. Tristemente tenemos que decir que un hecho tan grave se está convirtiendo en algo casi folclórico por las escasas consecuencias que tienen nuestras reivindicaciones y propuestas de forma políticamente correcta, lo que podemos llamar la condena institucional que según parece de poco sirve. Las mujeres que sufren esa violencia específica que denominamos machista y que resaltamos un día al año, no debemos apartarla del contexto generalizado que describo más atrás, pero no con el fin de disimularla, sino para denunciar la sociedad violenta que nos está construyendo el capitalismo. ¿Qué motivos hay para no resaltar un día en memoria de los muertos en accidente de trabajo? ¿O de los muertos por drogas? ¿O de los suicidados por los desahucios? ¿No será que el feminismo neoliberal que nos mandan desde la metrópoli del imperio nos pone el trampantojo de la violencia machista para que no veamos el resto de nuestras miserias? Considero una reflexión muy simple limitar al ámbito de la mujer el asunto de la violencia. Es un tema de una amplitud mucho mayor que abarca a toda la sociedad. La violencia en todas sus manifestaciones es parte del “libre mercado” es un negocio más

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