Desigualdad.
Desigualdad.
Para esta CANDIDATURA OBRERA sería una medida inaplazable llevar a efecto el justo reparto de la riqueza. España, después de Bulgaria yRumanía, es el país con más desigualdades sociales y económicas de la Unión Europea y ese desigual reparto afecta negativamente a la economía, es causa de manifiesta injusticia, de inestabilidad política y de graves disturbios sociales y territoriales. Avanzar por el camino de más justicia y más igualdad, es necesario, justo y conveniente. El reparto de la riqueza es un asunto muy complicado, pero el primero que tiene derecho a esa riqueza es el que la produce. Siempre es el obrero el que genera la riqueza y siempre es al que menos parte le toca.
Éste punto sobre el reparto del trabajo que acabas de leer, ociosa lectora, o lector, lo he escrito porque el problema principal que tenemos los españoles y creo que el mundo también, es la desigualdad, el injusto y desigual reparto de los recursos económicos. Lo que yo propongo es que ese necesario reparto lo reciban las personas a través del trabajo; no de la improductiva y ociosa subvención directa.
Si en estos momentos la distribución de la riqueza la considero justa y necesaria, en el futuro seguirá siendo justa y además imprescindible.
Según los científicos que estudian la evolución de la población en el mudo, pronostican que en el año 2.050 habrá 9.000 millones de personas y en el año 2.100, 11.000. Tenemos que aprender a poner en práctica la idea de repartir y compartir para que en el futuro las guerras no sean por los alimentos o el agua potable y para que entonces el planeta produzca alimentos y si además queremos que sea sano vivir en él, tenemos que cuidarlo. Con los mares envenenados podrán navegar por ellos los barcos de los capitalistas con sus mercancías, pero no criarán peces para alimentar a los marineros. Si envenenamos el aire habrá “gotas frías” pero no lloverá ni nevará regularmente y muchos ríos se secarán y escaseará el agua.
Soy consciente que perteneciendo España a la UE, un club de veintisiete países (ya no cuento a Inglaterra) hay que atenerse a las normas de ese club, además vivimos en un mundo globalizado, hay organismos internacionales que nos imponen reglas. Cambiar las reglas internas de un solo país, aunque fueran en la dirección de la verdadera democracia y la justicia tengo en duda que fuera posible, pero lucharía por ello. El mundo de ahora funciona favoreciendo a unos pocos y malviviendo el resto; si tuviera poder, distribuiría la riqueza y el poder de esos pocos para mejorar la vida y aumentar la de los muchos
Solo mediante el trabajo sería la forma de participar de la riqueza, al vago y al parásito solo le garantizaría la miseria, aquella idea que proclamaba la izquierda de que todos somos iguales, esta candidatura dice que de eso nada, es profundamente injusto que se trate con el mismo rasero al laborioso que cumple con sus obligaciones cívicas, que al delincuente y al parásito. Toda la holgazanería y el parasitismo patrio tiene dos alternativas, o ponerse a trabajar y a aportar igual que todos o se van a la miseria. El asunto de la riqueza y la pobreza lo han tratado en sus obras literatos, poetas, filósofos y economistas; la misma historia del mundo gira en torno a ella. No soy quien para citar a los principales pensadores que dejaron huella imperecedera sobre la injusticia en el mundo, me conformo con proponer que se facilite a todos los españoles una manera digna de vivir.
El virus de distribución de la riqueza
Primer problema:
Ésta pirámide nos muestra el reparto de la riqueza en el mundo. Como se puede ver, 349 millones de personas, el 8,4 %, de la población mundial, posee el 84.6 % de la riqueza y 4.400 millones posee el 15.5 %. Todas las grandes revoluciones y las guerras de los últimos tiempos tuvieron el hambre y la injusticia en la base.
El capitalismo ya tiene en su mente que la única solución para evitar la destrucción del planeta y que haya un más justo reparto de la riqueza es necesario eliminar a los 3400 millones de pobres de la base de la pirámide y a los viejos de las dos secciones del tronco, más los que le acompañen de estas dos secciones que nos sean ni pobres ni viejos. Al capitalismo le sobran en el planeta los 5.000 millones de pobres y viejos. El capitalismo es una ideología que consiste en que solo los capitalistas tienen derecho a participar de la riqueza y que el planeta se limpiará si hay 5.000 millones menos que lo manchen.
Las armas de guerra convencionales atómicas, nucleares, pueden ser útiles para una zona determinada, pero no para eliminar tanta gente porque quedaría el planeta inservible, para los ricos también, y de momento no hay planeta alternativo para irse a él solo los ricos y quedar aquí a los pobres bombardeados.
La alternativa es eliminar a los pobres y a los viejos ¿con un virus?, que no destruye la naturaleza, solo a los viejos y a los pobres.
Solución: Hay que poner drásticos controles demográficos en todo el planeta.
Hay que tomarse en serio lo de la conservación de la naturaleza antes de que acabemos con ella, teniendo en cuenta que de esa naturaleza formamos parte todos y si la destruimos, en el paquete estamos todos.
Si distribuimos la riqueza, que no sea para comprar más plásticos y más litros de gasolina, sino para que todos tengan alimentos más sanos y una forma de vivir más natural.
Todos los poderes a lo largo de la historia del mundo utilizaron el miedo como arma insuperable para someter a sus gobernados; el miedo a la muerte, el miedo a las leyes, primero divinas y una vez instalado el miedo a las leyes divinas impusieron las humanas, las primeras fueron en nombre de un dios, las segundas en nombre de un rey, que en ocasiones nos decían que era de origen divino, ahora son en nombre de la democracia, pero siempre los poderes establecidos utilizan el recurso del miedo. En todas las épocas de la historia, en toda clase regímenes políticos, los que ejercieron el poder propagaron entre sus gobernados y luego utilizaron el miedo como herramienta para ejercerlo y entre más atemorizado esté el gobernado, con más libertad ejercerá el poder el gobernante.
A los que vivimos aquí, ahora, nos toca gestionar nuestro miedo.
En primer lugar tenemos que pedir que se investigue con la mayor rapidez que los procesos científicos lo permitan (creo que lo están haciendo ya, no obstante hay que pedirlo) para conseguir una vacuna que nos inmunice del virus o un tratamiento farmacológico que neutralice su acción y que sea a un precio que esté al alcance de la economía de la gente, un precio que esté también al alcance del sistema público de salud.
El gobierno prorrogará nuestro secuestro hasta el día 26 de éste mes de abril, de momento. Cuando el recluirse en casa es bajo la amenaza de severísima sanción o incluso cárcel, la voluntariedad no existe, la mansedumbre que los medios propagandísticos del régimen nos exhiben son el chabacanismo y la borreguez nacional. Ponen en las pantallas y en las ondas del régimen a cotorrear a sus caretos parlantes para hablarnos de una solidaridad y un acatamiento falsos, porque ¿dónde estaban los “solidarios” de balcón cuando los sanitarios se manifestaban por la sanidad pública? ¿Saldrán al balcón a aplaudir los que votaron al PP y al PSOE, que se dedicaron cuando gobernaron a proveer de negocios sanitarios a sus secuaces desmantelando la sanidad pública?
No es lo mismo una ciudadanía solidaria, que una ciudadanía aborregada; lo vamos a comprobar cuando se acabe el secuestro; podemos adoptar una de las dos siguientes actitudes.
Primera: salir inmediatamente después a las calles para recordarle a todos los poderes, que no vamos a tolerar si un solo recorte en nuestras libertades y derechos incluyendo la nacionalización total de todos los servicios públicos blindando en la constitución como derechos fundamentales los que ahora son constitucionales, o.
Segunda: salir corriendo a la terraza y al bar a ver el fútbol. Una de éstas dos actitudes nos definirá y los poderes tomarán nota, si exigimos con fuerza tendrán que ceder, si ponemos las costillas nos molerán a palos, otra vez.
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