El virus.

El virus. El año 2020 ha llegado con El virus.n una nueva catástrofe sanitaria, que se transformará también en económica, a consecuencia de un virus denominado “coronavirus” o COVID-19, acontecimiento nunca visto por las generaciones que actualmente poblamos el mundo. A principios de enero las empresas de propaganda de la patronal comenzaron a saturarnos con noticias sobre él; Fue en una ciudad China llamada Wuhan donde inició su expansión y desde allí se ha extendido en forma de pandemia como lo ha calificado la Organización Mundial de la Salud (OMS) por el resto del mundo. Las medidas que el gobierno chino adoptó para combatir su propagación fueron aislar a la población en sus casas para evitar o disminuir el contagio; aun así el virus se propagó a otros países, Corea, Italia, España y el resto del mundo. En España el gobierno ha decretado el estado de alarma y la población tenemos que estar confinados en casa, sin salir a la calle a partir del Día 14 de éste mes de marzo; está previsto que estemos hasta el 11 de abril. Lo ampliarán algunas semanas más. Cuando esto escribo, 31 de marzo hay en España 94417 contagiados, 8189 muertos y se han recuperado 19259; en Castilla y León hay 5801 confirmados, 516 muertos y 1028 recuperados, en el mundo son 789763, 37878 y 166276, respectivamente, pero éstas cifras son de ahora mismo, mañana en España habrá unos cientos más, las cifras varían constantemente, cuando se pase la pandemia habrá que hacer un recuento que dará una cantidad que ni imaginar puedo. La provincia donde más incidencia ha tenido es Madrid, lleva más de tres mil muertos, sus hospitales públicos están saturados; los militares han instalado hospitales de campaña en el recinto de la Feria de muestras (IFEMA). Desde el día que comenzó la alarma, Ana no ha vuelto a salir de casa, para comprar lo que hemos necesitado he ido yo. Toda la actividad económica está paralizada menos los servicios esenciales para la vida, hospitales, policías, ejército, alimentación, farmacias, transportes. La ciudadanía ha acatado el decreto con resignación y civismo y como de civismo hablamos, los incívicos no se han resignado y ha tenido que intervenir la Guardia Civil para obligarles a cumplir las normas. El que mandaba aquella fuerza en el pueblo de Haro, en la Rioja, se contaminó del virus y a consecuencia de ello murió días pasados; a otros cuatro de la misma etnia que viajaban en el mismo coche (no se puede viajar más de uno en un coche) les echó el alto la guardia civil, no solo hicieron caso omiso, sino que atropellaron a uno de los guardias hiriéndole gravemente. Enfermedades infecciosas que han ocasionado millones de muertos ha habido siempre, las últimas que yo tengo noticias han sido el SIDA y el Ébola, pero de ésta magnitud, que la población tengamos que recluirnos en casa nunca lo había conocido la humanidad; oigo noticias que dicen que en estos momentos en el mundo tres mil millones de personas confinadas. En casa lo llevamos con la actitud que habitualmente tenemos uno hacia el otro, no hablándonos no discutimos, estamos como siempre, callados uno al lado del otro, me entretengo en leer, escribir, ordenar mis escritos, colocar los libros, hacer ejercicio en la bicicleta estática, abdominales en el suelo, no veo la televisión nada más que a la hora de comer y cenar, es un medio de información dañino para la salud mental de los ciudadanos. Todas las tardes, a las ocho, salimos a las ventanas y balcones a aplaudir a los que trabajan en la sanidad pública enfrentándose a la pandemia con escasez de recursos, humanos y materiales. Esto del aplauso vespertino es una solidaridad de pacotilla, porque, ¿aplaudirán también los votantes del PP? si así fuera, su voto ha servido para aplaudirle a 35.000 menos, que son los que con su voto ha quitado el PP de la sanidad pública durante estos años pasados con los recortes. Su voto ha servido para que los servicios públicos sean un nicho de mercado y no un derecho como dice la Constitución. Cuando ésta catástrofe se pase rectificaremos, o ¿nos instalaremos en la tontuna ideológica del neoliberalismo consumista de siempre? Si estos renglones llegan a estar ante los ojos de alguien, espero que los lea con paciencia y comprensión, que piense que el que los escribe no es un personaje de los que pone la patronal ante una pantalla o un micrófono para distribuir la ideología que sirva a sus intereses, sino uno que camina por el mismo sendero que él. Los pobres, los de abajo, no tenemos a nuestra disposición columnas en periódicos, programas de radio y de televisión para distribuir entre la gente las ideas que nos interesen a nosotros, ellos, los de arriba, si tienen esos medios para distribuir entre nosotros la ideología que defienda sus intereses. Aquella frase del filósofo alemán del siglo XIX que dice “la cultura dominante es la cultura de la clase dominante” continúa de actualidad. Cada uno vemos con nuestros ojos, desde la puerta de nuestra casa la realidad que el tiempo nos muestra al pasar; ante los míos pasa caos e incertidumbre ante el futuro A pesar de todo, el tiempo no deja de pasar y el que pasa ahora es un virus que ha traído una enfermedad que ha acabado con la vida de decenas de miles de personas en España, trae crisis social porque no sabemos cómo va a afectar a las relaciones sociales futuras entre familias y comunidades y trae crisis económica por la disminución generalizada de la actividad productiva, mientras no disponga la ciencia del paraguas de vacunas y medicamentos paliativos específicos para combatir la enfermedad. Sería bueno que utilizáramos lo aprendido en éstos seis meses para organizar un sistema que paliara de forma más organizada la acción contra la pandemia el tiempo que nos quede de convivir con ella. Por ejemplo: España se compone de 17 autonomías que suman 50 provincias y dos ciudades autónomas; cada provincia tiene varias comarcas y cada comarca muchos pueblos. Las ciudades tienen barrios, calles o distritos de salud según la nueva denominación organizativa desde que nos ha invadido el virus. Al grano: En cada comarca debería haber los médicos y personal sanitario suficiente para llevar el control de la salud de la población en general y del virus que nos aqueja ahora en aquella zona en particular. Una persona de cada comarca formaría parte de un comité provincial o provincia limítrofe; (por ejemplo: Villalpando y Medina de Rioseco tienen más relaciones de todo tipo, por proximidad, aunque no pertenecen a la misma provincia, que Villalpando y Fermoselle que si pertenecen). La capital de la provincia y los municipios con población superior a 5.000 habitantes tendrán su propio comité de salud. Como representantes políticos estarían el presidente de la diputación provincial y los delegados en la provincia del gobierno y de la comunidad autónoma. Los representantes políticos estarán presentes en dicho comité para ejecutar las recomendaciones de los responsables sanitarios de acuerdo con lo jurídicamente establecido. Los comités comarcales de cada provincia elegirán de entre ellos un representante para formar un comité regional, uno por provincia. Este comité actuará en consejo presidido por la autoridad sanitaria de la comunidad autónoma y será quien tome las decisiones con respecto a la salud de los ciudadanos en la jurisdicción de su gobierno. El citado comité regional nombrará un representante que formará parte de un consejo nacional de salud presidido por el ministro de sanidad. La información del virus tiene que ser de abajo, (que es donde están los contagiados, o posibles contagiados), arriba y la acción contra el virus y las medidas necesarias en su contra de arriba, (que es donde están los poderes ejecutivo y legislativo), abajo. Debería existir una sola página Web de alcance nacional, no una para cacicato, donde se registrará con detalle todas las incidencias relacionadas con el virus. Lo que afrontamos es un problema de salud; lo que yo no sé es si la catástrofe que ha caído sobre la sanidad pública en los últimos veinte años ha dejado los médicos y personal necesarios para componer un dispositivo capaz de afrontarlo. Probablemente la organización existente sea algo parecido a lo propuesto en este escrito, pero algo estaremos haciendo mal cuando el virus supera a nuestra organización. A lo largo de la historia del mundo hubo pandemias, epidemias y pestes de todo tipo, pero los que estamos ahora vivos no habíamos vivido ninguna. Ésta nueva peste quedará un rastro de siete u ocho millones de muertos y otros cuantos de poco vivos. A los políticos y a los poderes neoliberales que gobiernan la globalización económica y social los millones de muertos no le preocupan nada; si a 8000 millones de personas que tienen ahora el planeta le restamos tocho quedan 7992. Algún gobernante de tercer nivel de cualquier provincia del imperio puede que esté preocupado por los enfermos, pero no por su sufrimiento, sino porque consumen y no producen; ni tampoco creo que sea mucho el sufrimiento, lo que consumen son medicamentos, que es negocio colosal para la mafia de las multinacionales farmacéuticas de la metrópoli. El virus nos ha traído enfermedad y muerte. Escucho a los que conocen como evoluciona la enfermedad decir que su evolución coagula la sangre; eso es muy malo para el que le entra, pero el virus no solo ha traído muerte y enfermedad, también ha traído crisis económica y eso es malo para casi todos, para los capitalistas que tengan su nicho de mercado en la enfermedad y la muerte no, la pandemia los hará más ricos, todo sea en nombre del sacrosanto derecho al beneficio. Para el obrero que trabaja en la agencia de viajes, el camarero, el vendedor de la tienda, o el del taller no será igual porque saldrán perdiendo; en cambio los del IBEX 35 que tienen asegurado su bienestar y su riqueza en los paraísos fiscales no perderán nada; no perderán ni siquiera el voto del pobre, que se ha pasado la vida votando al rico porque así pensaba que era uno de ellos. Imaginad que nos persigue la buena ventura y que logramos derrotar al virus, ¿nosotros solos? ¿Y si el resto del mundo no lo hace, cuanto íbamos a tardar en contagiarnos de nuevo con nuevas cepas que superen las vacunas? Por otra parte ¿Se acuerdan las empresas radiofónicas de propaganda cuando estábamos confinados en periodo de alarma, que el objetivo nacional, según ellas, era que se acabara el estado de alarma para salir todos a las terrazas? Entonces el objetivo nacional era LA TERRAZA, y el populacho chabacano y miserable salió A LA TERRAZA. No fuimos moderados en regresar a la calle, teníamos que llenar terrazas, playas, restaurantes y hoteles. Ahora como país de botarates que somos tenemos que cerrar terrazas, talleres y fábricas.

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