Los políticos y la democracia
Los políticos y la democracia
No sé si para escribir una opinión sobre un asunto de tanta envergadura como es el opinar de los políticos y la democracia sea yo el más indicado. Quizá debiera hacerlo alguien más preparado que conociera la realidad más profundamente.
Como ciudadano de a pie me esforzaré en componer un escrito con lo que a mí me parece. Lo primero es plantear una pregunta ¿todos los políticos son demócratas? El capitalismo, según mi opinión, ha llegado a la conclusión de que no necesita la democracia para implantarse con toda su crudeza y crueldad como se está demostrando en China y se demostró en España durante cuarenta años o en otros muchos países de todas las partes del mundo.
Los derechos sociales, que son parte de los derechos humanos, algunos los consideramos inherentes a la democracia porque cuando había capitalismo y no había democracia, nos dijeron, que cuando la tuviéramos tendríamos derechos y ahora, los que nos creímos aquella promesa, defendemos los derechos que nos dijeron que eran inherentes a la democracia.
Acabó la dictadura, llegó la democracia, redactaron una ley suprema que se llama Constitución donde aquellos derechos quedaron escritos, pero en dos categorías; derechos fundamentales, que no cuestan dinero y son inviolables; y otros derechos constitucionales, que si cuestan dinero y quedan a merced de los gobiernos, por ejemplo: tengo el derecho fundamental a residir en cualquier lugar del país, y tengo el derecho constitucional a una vivienda, si tengo el dinero para comprarla, porque el Estado no tiene obligación de proporcionármela. Mi derecho constitucional a la vivienda, o a la sanidad, o a la educación, o a la dependencia, es decir, los derechos que cuestan dinero, esos, los gobiernos los dejan a la acción del “mercado,” es decir, yo tengo derecho constitucional a pensión, sanidad, educación o dependencia, pero al capitalista la ley le permite comerciar con esos derechos. Para que sean generalizados esos derechos, la aportación para su financiación también tiene que ser generalizada, o sea, impuestos. Como los capitalistas y su ideología neoliberal, consiste en no pagar impuestos, los derechos, lo mejor es eliminarlos. De hecho en los países donde están implantadas las versiones más salvajes del capitalismo como China, EE.UU y otros países del mundo, esos derechos que cito más atrás, o no están tan generalizados como aquí, o no existen. Lo que aquí llamamos derechos, en esos países son servicios, que el que los necesita los paga, si tiene dinero y si no lo tiene se queda sin ellos, o se los dan de manera precaria, porque como los impuestos son mínimos, los servicios públicos para atender esos derechos también son mínimos.
Desde mi punto de vista, los políticos, o algunos políticos, se han dado cuenta de que lo mejor es reducir la democracia. Para ello, todas las fórmulas que sirvan para degradar, desprestigiar y ensombrecer la imagen de la política les valen. La primera es dejar la política en manos de charlatanes y charlatanas ganapanes que hacen que los ciudadanos tengan a la política y muchos quizá a la misma democracia más como un problema que como un sistema eficaz de gestionar los asuntos públicos. Después de muerto el general capataz ferrolano hubo un periodo que es conocido como la transición; una vez acabada ésta, ganan las elecciones unos que dijeron que llevaban siendo honrados cien años, como la mayoría de votantes no tenía cien años para saber si era verdad o mentira lo de la honradez centenaria le concedieron mayoría absoluta. Cuando hubieron confraternizado con generales, marquesas, demócratas de toda la vida con traje de falange, especuladores y las antiquísimas y rancias estirpes de parásitos y ladrones de toda condición, comenzaron a instalar entre la clase obrera las políticas con las que hemos llegado al momento actual, batiendo marcas mundiales y europeas en desigualdad, paro, precariedad, incertidumbre y miedo, sobre todo miedo, los viejos al pasado, los jóvenes al futuro y todos al pasado, al presente y al futuro. Hemos llegado a esta situación más atrás descrita después de cuarenta años de democracia. La democracia española arrancó de la Plaza de Oriente, los demócratas de toda la vida habían vitoreando al general capataz ferrolano en la citada plaza durante muchos años.
De todas las maneras, la jugada es más larga. España es un país muy difícil de gobernar; no solo tenemos separatistas, tenemos más vagos que separatistas, algunos separatistas lo son, porque son más currantes y no quieren nada con los vagos. Las estirpes más vagas y más parásitas han implantado desde el poder a lo largo de los siglos la holgazanería y la picaresca como máximos valores patrióticos. Las nuevas generaciones de jóvenes formados en las universidades quieren acceder a los puestos que hasta ahora ocupan esas estirpes que aun detentan el poder y desde él promueven a los cargos políticos a personajes que ciertamente desprestigian la política. Si consiguen el objetivo de desprestigiar a la política entre los pobres, habrán conseguido que solo ellos ocupen los cargazos, los sueldazos y todo lo que significa la administración pública y su presupuesto.
No nos tenemos que dejar engañar y desmoralizar jamás; no solamente tenemos que participar, tenemos que echarlos. Hacen, o hacemos, popular la frase “los políticos no se ocupan nada más que de sus cargos,” ¿Qué es, que los otros no se ocupan de los cargos? ¿Los hijos de los pobres, no tienen derecho a dedicarse a la política y a tener cargos igual que los hijos de los ricos? ¿Los que disfrutaron del cotarro siglos y siglos, tienen que seguir en él otros cuantos siglos? ¿Van a ordeñar la vaca siempre los mismos y van a ser siempre los mismos los que le den de comer y le limpien las boñigas? Con una diferencia, que para que el hijo de un pobre puede dedicarse a la política tiene que estudiar mucho, y será político mientras le elijan. El parásito que lleva en la política desangrando a las arcas públicas siglos, coloca al hijo, a la hija, a la hermana. Al hijo y a la hermana de la señora condesa consorte de Murillo no les hace falta dedicarse a la política, ya la mamá condesa le buscó hace años a un hijo un jornalillo de 60.000 euracos anuales de asesor en un ministerio, y a la hermana de la misma condesa consorte la puso de asesora de una alcaldesa con un sueldillo de 84.000 euracos de nada. Al que ya está disfrutando del poder, no le interesa que lleguen otros nuevos a disputar sus prebendas. Pero claro, aquí españoles somos todos y todos tenemos derechos, a poner y a coger; bueno, me diréis que algunos solo a coger, tenéis razón, los de las décimo octava y décimo novena autonomías (si, has leído bien, es que yo creo que en España hay diez y nueve autonomías, no diez y siete) solo tiene derecho a coger porque la décimo octava tiene unos acuerdos con los que gobiernan, para que les sigamos subvencionando como lo llevamos haciendo desde los tiempos de Leví. A los de la décimo novena, si en los pasados seiscientos años no han querido integrarse, a ver si en los próximos seiscientos, a base de darles casa, pensión, sanidad y todo tipo de prebendas, todo gratis, se le quita la costumbre de robar. Los que gobiernan han tomado una decisión con respecto a ésta gente: para que no vayan a robar, les llevamos a casa lo que necesiten; pues ni aun así dejan de robar, porque les parece que lo que les dan es poco.
Somos los pobres los que no podemos prescindir de la política y somos los que nunca podemos abstenernos.
Un saludo.
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