La corrupción.
La corrupción.
El debate público en España desde hace unos meses es la salud a causa de la pandemia que ha ocasionado el coronavirus COVI-19.
Antes que existiera esta pandemia la gente más responsable ya se preocupaba del paro, de las condiciones de trabajo, de la sanidad, de la educación y los menos responsables en su tertulia del bar hablaban del fútbol o de Belén Esteban.
Los de derechas, por no reconocer que los que ellos votan son los más ladrones recurrían a esa frase que tanto éxito ha tenido entre la ciudadanía que dice “todos los políticos son iguales.”
No es una frase que carezca de fundamento; en España la corrupción es el sistema de gobierno desde siempre.
Entre mis libros tengo una edición de 23 tomos de los Episodios Nacionales que escribió D. Benito Pérez Galdós. Si algún autor, o alguna editorial se atreviesen a publicar la historia de la corrupción en España, no serían 23 los tomos, ni bastarían 230, porque la corrupción es la vida de la nación desde hace siglos.
A la antigua nobleza, compuesta de holgazanes de rancio abolengo, de un clero comedor de capones conchabados con monarquías emputecidas, (lo que no era obstáculo para estar absolutamente entontecidas por la religión), los han sustituido unos capitalistas parásitos cuya única creatividad consiste en ser los mayores evasores de impuestos de la Unión Europea.
De lo que cosechaba el labrador, cuando aún estaba el grano en la era le quitaba su parte el rey, la santa madre iglesia se llevaba en nombre de Dios el diezmo y de lo que quedaba aun tenía que pagar la renta al terrateniente y comer él y su familia, si quedaba algo; al pueblo solo llegaba la miseria y el hambre; éste, para sobrevivir inventó la picaresca, el criado sisaba al patrón, la criada sisaba al ama, el más osado asaltaba caminos y haciendas o procuraba ponerse al servicio de la iglesia o del rey como narró Cervantes en el Quijote.
La crónica de aquellos tiempos comenzó a escribirla un autor anónimo en el lazarillo de Tormes, luego Mateo Alemán en el pícaro Guzmán de Alfarache y otros muchos autores.
Nuestra burguesía continúa igual de parásita y zafia que en pasados siglos y el pueblo es igual de pícaro que el que retrató Cervantes en sus novelas ejemplares
Esta misma casta social, que protagoniza la corrupción de ahora, es la misma que protagonizó la historia de España.
Leamos el Padre Nuestro glosado de D. Francisco de Quevedo y Villegas, o el poema de la servilleta del mismo escritor al Rey Felipe IV. Ya el escritor denunciaba ante el Rey la miseria del pueblo y la ostentación de los poderosos.
El citado D. Francisco de Quevedo escribió en el siglo XVII, (aproximadamente 1636) el Chitón de las Maravillas en el que favorecía la política del conde Duque de Olivares (valido del rey Felipe IV). Hubo un tal Mateo de Lisón y Biedma (¿antepasado de la condesa consorte de Murillo Dª Esperanza Aguirre y Gil de Biedma?) criticando a Quevedo en su libro “tapaboca que azotan” llamando a Quevedo bachiller ignorante. Parece que la desvergüenza y el apellido Biedma van unidos, el Biedma del siglo XVII no se cortó un pelo en llamar ignorante a Quevedo y la Biedma del XXI dice que no conoce a Sara-Mago y se queda tan contenta, cual rana croando en la charca.
Sería bueno escarbar en el árbol genealógico de la “liberal” condesa-consorte, para saber desde que siglo lleva desecando las ubres de la patria y conociéramos su estirpe, para que quedara al descubierto su “liberalismo”.
. La foto literaria que nos dejaron los que narraron las miserias de la vida española de otros tiempos nos vale perfectamente para el presente. Los corruptos son los mismos, la clase social la misma; una burguesía que nos retrató el cineasta Luis García Berlanga en La Escopeta Nacional, son los descendientes directos de los que vivieron a cuenta de la nación en siglos pasados. La corrupción en nuestro país tiene honda tradición y larga raigambre.
Dijo un filósofo alemán del siglo XIX que se llamaba Karlos Marx que, “la cultura dominante era la cultura de la clase dominante.”
Yo creo que tenía razón éste filósofo; en España las élites que ocuparon el gobierno los últimos cuarenta años son los sucesores de los que ocuparon el gobierno los últimos siglos. Los que votaron a los gobernantes de los últimos cuarenta años, son los sucesores de los pícaros del mismo tiempo.
Vivimos es un país corrupto desde siempre. La corrupción y el mal gobierno son una constante en nuestro devenir histórico. Da lo mismo que empecemos a leer la historia por el siglo ocho que por el dieciocho. La iglesia Católica, las monarquías, la antigua nobleza, la posterior burguesía, en una palabra, la eterna derecha, siempre han vivido a cuenta de las guerras, de las paces o de las conquistas, nunca España fue gobernada en beneficio de la nación y del pueblo.
El botín que trajeron los españoles de los territorios conquistados sirvió a las castas gobernantes de la época para financiar guerras en defensa de la Santa fe de Cristo y para decorar altares y palacios mientras que el pueblo español tenía que sobrevivir a base de picaresca para soportar las hambres y miserias de las que nunca se vio libre a lo largo de los siglos.
Nuestro pasado es la corrupción de las élites y la picaresca del pueblo, esa es la herencia recibida. Lo único es que ahora la corrupción de aquella época la hemos actualizado; de enriquecerse con las conquistas y las guerras, nuestra derecha pasó a vivir de construir pantanos, ferrocarriles, aunque fueran sin trenes, carreteras, aeropuertos sin aviones y viviendas sin ocupar, o des ocupadas por los desahucios; es decir, a cuenta de los presupuestos, pero nunca a crear fábricas ni tecnologías que estimular el conocimiento y el estudio; porque un pueblo culto e instruido con arreglo a los nuevos tiempos hubiera hecho peligrar el poder de la monarquía, la Iglesia y la burguesía, trío de instituciones corruptas e inútiles como han demostrado a lo largo del tiempo, nunca la riqueza fue justamente repartida a lo largo de nuestra turbulenta historia.
Hay una burguesía incapaz que en su tiempo fue incapaz de llevar a cabo una revolución industrial como en otras naciones, que debiera haber puesto las bases para que España figurara en los puestos de los países industrializados, pero toda la estrategia política de la derecha en el poder se reduce a hacerse con los recursos del estado privatizando el patrimonio social de todos los españoles a través de los ministerios de Sanidad, Educación, Servicios Sociales, Fomento, es decir, los ministerios que llevan a efecto los derechos ciudadanos y las inversiones del Estado. Ese PATRIMONIO SOCIAL al que me refiero, es el PATRIMONIO de los que NO TIENEN PARIMONIO.
Si se privatizan los servicios que prestan esos ministerios, se privatizan nuestros derechos que deberían ser garantizados por el Estado como manda la Constitución. Nos han demostrado los partidos privatizadores, PP y PSOE, desde el gobierno que lo que se garantiza son los beneficios de la casta que detenta el poder económico, mientras que a los ciudadanos se les recortan derechos, incluso limitando el acceso a los tribunales de justicia por el método de la imposición de tasas. Los pobres no podremos ni recurrir a la justicia, así sus rapiñas e injusticias no tendrán ningún obstáculo y quedarán impunes; eso es corrupción.
. La ciudadanía está en un profundo mal estar, no solo por las condiciones de vida que tiene que soportar, sino porque no ve que los problemas sean comprendidos ni mucho menos compartidos por los que gobiernan.
La rentabilidad de las empresas debería basarse en su productividad, no en los salarios míseros de sus trabajadores, nunca les oigo hablar de ser competitivas las empresas con nuestras propias marcas de productos de consumo, (solo nos queda la alternativa de ser competitivos en miseria), los políticos y las estirpes funcionariales disfrutan de salarios fabulosos garantizados de por vida, los casos de corrupción inundan a la derecha, a la izquierda y a todo el que accede a un cargo con posibilidad de meter mano en la caja.
Para aportar un nuevo concepto o una nueva reflexión, quizá deberíamos empezar por cuestionar el sacrosanto principio del capitalismo, la “libre empresa”, siempre y cuando la “libre empresa” tenga como objetivo el fraude y la estafa. Tengamos en cuenta que el fraude en España se cifra en un 23%, ¿la “libre empresa” es para eso? Todas las estafas conocidas y la ingente cantidad de fraudes que se hacen a la Agencia Tributaria y a la Seguridad Social se llevan a cabo a través de empresas creadas expresamente para defraudar a través de contrataciones irregulares de obreros en perjuicio de la Seguridad Social, de la Hacienda Pública y dar cobertura legal a la corrupción y a la estafa.
En definitiva, “libre empresa” para crear riqueza y bienestar sí, pero “libre empresa” para el fraude, la estafa y la explotación salvaje no.
La experiencia nos dice que después de procesos judiciales larguísimos, en contadas ocasiones reintegran lo estafado y raramente pagan con la prisión sus delitos Todo ello sin contar las amnistías fiscales (que es una forma de corrupción del poder ejecutivo a favor de los corruptos) que los sucesivos gobiernos otorgan a los defraudadores.
Son cientos los personajes del PP que tienen causas pendientes con la justicia a causa de la corrupción, pero solo unos pocos acabaron en prisión.
Ningún responsable del partido, ni a nivel local, provincial, regional o nacional se enteraron de que sus compañeros de partido y en muchos casos de oficina, se dedicaban al robo generalizado estaban saliéndole ranas, según palabras de la señora condesa consorte más atrás citada, presidenta de la Comunidad de Madrid en la época en que todos sus subordinados eran elegidos por ella. Nadie de los compañeros de la charca de la corrupción oyó croar a las ranas de la señora condesa consorte.
Con esa herencia hemos llegado a estos tiempos. Los monarcas usan la monarquía para enriquecerse; la burguesía bancaria y capitalista ocupa el poder, incluido el gobierno, para desangrar a España mediante las nuevas formas conocidas como privatizaciones, o retorciendo un poco más el lenguaje, “externalizaciones” y esos métodos, en sí mismos, son ya una fuente inagotable de corrupción. Pero vayamos a los ejemplos: ¿Cuántas empresas de las que cotizan el IBEX 35 crean verdadera riqueza?, si descontamos a los bancos, cuya materia prima con la que trabajan es nuestro dinero; si descontamos a las concesionarias de los monopolios como luz, agua, energías y comunicaciones que nos pasan el recibo a su antojo y además avalado por sus compinches del gobierno; si descontamos a las concesionarias de las obras y servicios que el estado les suministra y adjudica, que pagamos los ciudadanos a través de tasas e impuestos, ¿cuántas empresas verdaderamente productivas quedan en el citado índice bursátil?
Todo este sistema de contratas y servicios no puede funcionar sin una rueda interminable de corrupción; desde la contrata que concede el consejo de ministros, hasta la llave de la luz que coloca una víctima de la reforma laboral, después de haber pasado por una cadena de subcontratas en manos de pistoleros sin escrúpulos a los que no se les puede llamar empresarios, sino envenenadores del mundo laboral y social, todo es corrupción.
Corrupción es la desregulación del mercado financiero; la libertad absoluta de evasión de capitales a paraísos fiscales; la no persecución de la economía sumergida y del fraude fiscal; la reforma de los códigos legales para beneficiar a las élites económicas y a sus dominguillos los gobernantes; corrupción es sumir al pueblo en el analfabetismo y en la ignorancia manipulando la educación y los medios informativos, o mejor dicho, de propaganda. Esas empresas de propaganda de la patronal han convertido en espectáculo informativo la corrupción y la ciudadanía está en estado de convulsión silenciosa desde hace tiempo porque está acostumbrada a esta forma de proceder de todos los poderes desde que empezó la historia de España.
Poco puedo yo argumentar sobre los casos de corrupción más mediáticos que todos conocemos, Gürtel, el “caso Bárcenas” “Urdangarín” “los ERES”, “los Pujol” o los “tarjeteros” de Bankia, o Koldo etc., etc. Intentan hacernos ver la corrupción, como episodios individuales de personajes más o menos encumbrados en la dirección de los partidos políticos, las empresas, los sindicatos patronales y de los obreros, o incluso en la Casa Real. La denuncia de estos personajes en los medios de comunicación, nos puede hacer pensar que denunciando desde el poder las actuaciones de estos granujas, están persiguiendo la corrupción de forma efectiva. Nada más lejos de la realidad. Estos son sólo pequeños casos que inundan la prensa y desempeñan el papel de carnaza para un amplísimo sector de la opinión pública, poco o nada habituado al conocimiento de la sociedad en la que vive, ni a conocer la historia de España.
Yo no creo que todos los casos que cito anteriormente y sus personajes sean un caso aislado. Tenemos que comprender que la corrupción está en el sistema y no solo, (que también) en éstos casos de todos conocidos que le sirven para demostrar ante la opinión pública una imagen que nos haga creer que están luchando contra la corrupción. Nos presentan casos de corrupción pequeña, para que no veamos los casos de corrupción grande. ¿Qué son los seis millones del Urdangarín frente a los sesenta mil que nos han costado las estafas bancarias? ¿Qué son los ERES de la UGT, frente a la burbuja inmobiliaria que nos creó el PP cuando estuvo en el poder entre los años 1996 y 2004? Mirad vuestro coche, reloj, ordenador, lavadora, teléfono móvil, televisión, cualquier aparato de consumo está fabricado en el extranjero, nuestro empresariado, el más corruptor, corrupto y subvencionado de Europa no sabe hacer nada. Tenemos un capitalismo manejado por una derecha rancia de rosario y escopeta, incapaz de ponerse a trabajar y vivir de su trabajo porque nunca lo ha hecho.
Cuando alguien, que por estirpe no pertenece a los círculos de la corrupción y accede a los salones del poder donde están los corruptos de la historia, se sienten adulados y no se resisten a caer en los mismos usos y costumbres. A los veteranos de la corrupción le viene muy bien que los nuevos compartan los pecados con ellos. Luego el pueblo dirá, con razón, aquello de “todos son iguales.”
Las empresas de propaganda de la patronal (también conocidas como medios de comunicación) nos acosan con noticias que se refieren a casos de corrupción sobre hechos deshonestos, fraudulentos y carentes de la mínima moralidad en la gestión de los recursos públicos. Consecuencia de ello es el desprestigio de la clase política en general.
La ciudadanía tiene asimilada la idea que ha sido la clase política la que primero nos condujo a la crisis y es esa clase política la que no sabe cómo sacarnos de ella. Si como consecuencia de esa crisis la gente sufre penurias de todo tipo, no es de extrañar el citado desprestigio de los políticos.
La estrategia de descalificar a toda la clase política de forma generalizada puede ser una forma premeditada para que los ciudadanos renunciemos a nuestro derecho a elegir a nuestros gobernantes como corresponde en una democracia, querrán que deleguemos en una nueva casta que estará formada exclusivamente por ellos. Esa nueva casta estará a salvo de elecciones y disfrutará en exclusiva de las mamandurrias propias de la administración, la llamarán (los profesionales de la administración) .Disfrutarán de jornales estratosféricos como “profesionales” que son, ¿y quién nombrará a esos “profesionales”? Ya se habrán ocupado desde el gobierno de adjudicar a sus socios del IBEX 35 mediante las privatizaciones las áreas de la administración susceptibles de sacar provecho de ellas
Podemos pensar que ésta hipótesis podría ser la trama de una novela. No, la jugada ya está en marcha; el Partido Popular y el Partido Socialista ya hace tiempo que empezaron a trocear la administración pública favoreciendo a las empresas del índice bursátil citado más atrás; para cuando llegue la citada hipótesis ya contarán con historial suficiente para presentarse como “profesionales” de la administración pública. De hecho, a la derecha española lo que le sobra es antigüedad en el puesto de desangrar a la nación desde los puestos administrativos, no en vano llevan haciéndolo siglos. Pero ahora quieren dar el asalto definitivo. La derecha española quiere garantizarse los sueldazos y el poder por otros cuantos siglos al margen de los ciudadanos porque la democracia nunca les ha gustado. No quieren demócratas, porque ellos nunca lo fueron, quieren que los ciudadanos seamos simples administrados, sin el derecho a decidir quien administra nuestros intereses.
Para ésta gentuza que ocupa el poder, los españoles somos los ocupantes de su finca y la quieren administrar y administrarnos igual que han hecho durante siglos.
La burguesía francesa, junto a la naciente clase obrera (a la que luego traicionó) protagonizó la Revolución Política que dio origen al régimen de libertades que ahora conocemos como democracia y fueron redactados los derechos del hombre.
Inglaterra protagonizó la Revolución Industrial y creó las bases del capitalismo tal como lo conocemos.
Alemania iniciaba por aquella época su despegue industrial; a la vez que se fundaban los EE.UU de América. Mientras tanto la burguesía española se dedicaba, como había hecho siglo tras siglo, a hacer guerras contra los españoles en defensa de sus privilegios, a la caza y a la misa. Siempre España careció de una burguesía ilustrada que protagonizara una revolución modernizadora de las estructuras económicas, sociales y culturales como tuvieron los países citados. Ahora nuestra derechona quiere igualarse en riqueza a los europeos, pero como hacer BMW o Mercedes no saben, ni valen para nada, pues tienen que hacerse ricos como lo han hecho siempre, robando.
Tampoco se ven indicios que nuestra derecha se disponga a cambiar de actitud. Todo apunta a que seguirá haciendo lo que ha hecho en pasados siglos, vivir a cuenta de la nación y del trabajo del pueblo.
Con el esfuerzo de los obreros durante los últimos sesenta años, se construyeron hospitales con su correspondiente sistema sanitario que atendía la salud de toda la población; con nuestro trabajo se construyeron escuelas y universidades donde los pobres podíamos estudiar. Cuando los obreros llegábamos a viejos, habíamos generado con nuestras cotizaciones derecho a cobrar una pensión y habíamos iniciado un sistema de ayuda a las personas que por su edad y estado de salud tuvieran una situación de dependencia. Todas estas conquistas sociales, estas mejoras en nuestra vida, están nuestros inútiles capitalistas convirtiéndolas en su negocio. A pesar de lo poco que producimos, ellos quieren seguir haciéndose ricos. Lógicamente para que ellos se enriquezcan, para los que trabajan y producen no queda nada. Produciendo poco, para que unos se hagan ricos, los otros tienen que ser pobres a la fuerza.
No tengo los conocimientos necesarios sobre la historia, ni la destreza literaria para escribir la crónica de la corrupción en España; me limitaré a dar mi versión de un periodo importante de los últimos tiempos.
Cuando muere en su cama un pequeño general gallego, y acaba su dictadura durante la cual la derecha y el clero continuaron saqueando a la nación como en siglos anteriores, se inicia el periodo conocido como la “transición”, que consistió en que el que dejó el general en su cargo con título de Rey, nombrara a un político del régimen, Adolfo Suárez, para que les hiciera el carnet de demócratas de toda la vida a todos los entusiastas servidores del régimen de la dictadura. A la vez, los nuevos cachorros del señoritismo franquista se metieron en un viejo caserón abandonado durante muchos años que tenía en la fachada las letras PSOE. Hicieron una pancarta que ponía “100 años de honradez” con la que concurrieron a las elecciones de 1982 y el populacho, esperanzado, creyó que por fin dejarían de robar a España los que la gobiernan.
Pero no sucedió eso. En aquel momento podían haber sucedido dos cosas; que la derecha instalada desde hacía siglos en la estafa se hubiera incorporado a la honradez de los de la pancarta, o que los de la pancarta se incorporaran al robo instalado. Sucedió esto último según hemos podido comprobar a lo largo de los últimos cuarenta y cinco años, el robo, la estafa, el timo, en definitiva la corrupción, se quedaron a vivir donde siempre estuvieron.
Como no tenemos un sistema industrial en el que los capitalistas se hagan ricos y los obreros, aunque siguiéramos siendo pobres pudiéramos trabajar, pues no hay otro camino para hacerse ricos que la corrupción entre las élites y la picaresca entre los pobres.
Para que la derechona, sus secretarios de la pancarta de la honradez, los clérigos y los gitanos puedan seguir desangrando a España, a los obreros no nos queda más alternativa que vivir en la miseria. Para nosotros no queda nada. Con ser tantos, y cada uno con un voto en la mano ¿lo seguiremos permitiendo? La respuesta es, si, a la vista están los resultados electorales.
Con todo lo anterior, en el teatro de la corrupción nos falta el primer actor; que es el corruptor.
Imaginemos la situación con la siguiente escena.
Este personaje coge una gran cantidad de dinero y lo lleva al partido que gobierna con el fin de conseguir que le concedan bicocas desde la administración. Aquí entra en acción el segundo actor, los Bárcenas. Ese dinero manchará todo lo que toque y hace falta uno que esté dispuesto a mancharse. ¿El personaje lo hará gratis? No. Lo hará por un alto porcentaje. Digamos un 30 %, ¿y el otro 70%? ¿Dónde lo guardamos? ¿Quizá en Suiza? Si lo guardamos en Suiza u otro paraíso fiscal, ¿lo haremos a nombre del partido? ¿Lo repartimos en sobres? Los sobres no son mala idea; no quedan huella y luego si los descubren, la justicia no podrá probarlo y podrán negarlo. ¿Cómo podrá demostrar el juez que efectivamente han recibido sobres los mandamases del partido? Imposible.
No, lo guardaremos a nombre del citado Bárcenas. Así el marrón se lo comerá él en caso de que el chanchullo llegue a la opinión pública.
Tendremos que ser los ciudadanos los que juzguemos con nuestro voto los casos de la corrupción en general.
Resulta extraño, que en todos estos años de corrupción generalizada, ningún “emprendedor” del IBEX 35, los que se llevan las grandes mamandurrias y las grandes concesiones, no se haya sentado en el banquillo de los acusados, aunque a alguno de ellos lo citaron como corruptores alguno de los inculpados.
Esperemos acontecimientos y que la rueda de la justicia no se pare, pero mucho me temo que a los personajes más encumbrados de los partidos y de la economía no los veremos en el trullo.
Considero otro caso de corrupción la dejación de funciones del gobierno por no cumplir con su función ejecutiva en todas las áreas de la administración de la que es responsable
Llegó hasta mí una noticia que se refiere a la deuda que soporta la Agencia Tributaria de los defraudadores confesos, es decir, de aquellos que Hacienda les ha pillado con irregularidades en su declaración, pero que el gobierno no ha ejecutado su cobro. Si se tolera esa irregularidad por premeditada dejación de funciones del gobierno, es una estafa a los ciudadanos y una versión nueva de la corrupción. Como los defraudadores son los afiliados a los sindicatos patronales, sus empresas de propaganda no nos hablan de ello. La cantidad que yo leí era 15.000 millones, que es el total de deuda de los que deben más de 120.000 €. La lista de los que deben menos de esa cantidad no la publican. Los gobernantes que han tenido los corruptores en el gobierno han tolerado que algunos corruptores deban a la hacienda pública hasta cerca de 300.millones de €.
No sé si seré capaz de analizar este escándalo, lo interpreto como un robo a los ciudadanos, que al consentirlo el gobierno se convierte en cómplice. Si el gobierno, por dejación de funciones, renuncia a cobrar lo que ya ha descubierto, es que renuncia a unos ingresos que tiene el deber de recaudar, de ejecutar las sanciones ya impuestas. Cuando alguna vez nos ponen una multa, los ciudadanos la pagamos sin remisión, pero éste gobierno de ladrones a sus compinches se lo perdona. No es que la sorpresa sea grande; estamos acostumbrados a que a los ladrones les hagan amnistías fiscales y los eximan de impuestos; pero esto de que a los defraudadores ya descubiertos le perdonen lo defraudado, más la multa, esto es nuevo.
Profundizando un poco en el análisis tampoco deberíamos sorprendernos demasiado. Si el gobierno lo ocupa una clase social ladrona y parásita por tradición, es hasta cierto punto lógico que teniendo la opción de hacer leyes, las hagan favorecedoras del pillaje y la rapiña, es como si fueran las perdices las que cargan los cartuchos, los pondrían sin perdigones.
Si esto es cierto, estaríamos ante el peor gobierno que un país puede tener; porque no gobierna, sino que se limita a actuar de dominguillo de los ladrones. El gobierno da la impresión de que solo está para dar el visto bueno a toda clase de desfalcos. ¿Cómo hay que considerar a un gobierno que grava las indemnizaciones por despido, que según dicen le pueden suponer unos ingresos de 400 millones de €, o que recorta 1500 millones en la ley de dependencia y renuncia a hacer efectivo el cobro del fraude detectado?
Como son conscientes del mal que están haciendo, recurren a endurecer los derechos de manifestación y huelga, imponiendo severísimas sanciones y metiendo a sindicalistas en la cárcel con largas condenas y astronómicas multas por ejercer esos derechos.
Nos están demostrando que añoran la dictadura. Las leyes vuelven a ser tan represivas como entonces; pero hay una diferencia: Franco no les dejo quedarse con los bienes públicos de forma tan descarada, con la democracia lo están consiguiendo, ahora se están quedando con el patrimonio social de los españoles, por eso están tan contentos con la democracia, porque les sirve para montar el más gigantesco sistema de estafa generalizada jamás visto, ¿cómo no van a estar contentos? Y tienen la desfachatez de decir que la auténtica democracia es esta ¿Acaso la democracia es el sistema que permite a los ricos expoliar a su país impunemente? La democracia tiene que significar justicia y si hay un 25% de niños en la pobreza, si hay casi seis millones de parados, si hay 1.500.000 de familias que no tienen ningún ingreso, si el hambre avanza, si los derechos de los obreros fueron eliminados, si regresan las leyes de la dictadura, si a los sindicalistas se les mete en la cárcel mientras los ricos están tomando el sol en los paraísos fiscales junto al dinero robado a su país, mientras que sólo el 50% de los parados cobra subsidio, mientras que el miedo, la desesperación, la incertidumbre y el temor ante el futuro sean el principal valor moral de la sociedad española, me niego a admitir que en este país haya justicia, aunque haya ministro del ramo. Nos dicen los políticos del gobierno y de la oposición que confían en la justicia ¿de verdad podemos confiar en la justicia? Hace muchos años Don Antonio Pedrol Rius, que fue presidente del colegio de abogados de España (y por tanto algo sabría de leyes) dijo que las leyes estaban hechas a medida de los ricos para defender sus intereses. Si esos es así (y yo creo que si) si los jueces aplican esa Ley, sus sentencias siempre favorecerán a los ricos. Porque ¿cuántos empresarios hay en la cárcel por corruptores?
El gobierno, en connivencia con la derecha más ladrona, parásita e inútil de Europa, ha montado el mas gigantesco robo contra España y la forma de vivir de los españoles. Estos ladrones de larga tradición y honda raigambre, no roban para luego invertirlo en cambiar el modelo productivo poniendo fábricas y cambiando la estructura productiva de España, no, roban por tradición, porque es lo que han hecho durante siglos, no tiene ningún escrúpulo en desangrar al país de sus escasos recursos. En manos de éstos ¿Nos resignaremos a que España sea un país eternamente pobre y humillado? ¿No habrá ciudadanos dignos en éste país, capaces de expulsar a ésta plaga que hundirá a España en la miseria durante décadas?
El sistema impositivo lo podemos incluir como un capítulo más en el gran libro de la corrupción.
Los que trabajan de mercenarios mediáticos en las empresas de propaganda del neoliberalismo de la patronal, haciendo campaña sobre las bondades de la bajada de impuestos, no tienen razón, aunque es fácil de comprender que los ricos utilicen sus medios de propaganda para inculcarnos una ideología que trata de convencernos que no es bueno para los pobres que participemos de su riqueza.
En España, la bajada de impuestos que constantemente reclaman los neoliberales como primer mandamiento de su ideología ya está en vigor, pero a la española. El gobierno del PP cuando llegó al poder en el año 2011 hizo una ley para subir los impuestos. Las leyes, en teoría, deberían ser iguales para todos pero si el gobierno lo ocupa una BANDA CRIMINAL PARA DELINQUIR (según los jueces), entonces las leyes fiscales se las aplican con gran rigor a los que no pueden eludirlas, pero a los de su banda, a los de su casta, les tolera el fraude. A la vez, el gobierno, con esa ley, tiene un arma disuasoria ante los ricos, porque al que se niegue a la financiación del partido y su casta dirigente le pueden aplicar la ley de forma. No es de extrañar que hagan campaña contra el PODEMOS, como partido nuevo desconfían de él y no dudan en utilizar en su contra sus empresas de propaganda. Por eso, a los ricos, les conviene tener un gobierno compinche de sus desfalcos. Nos dicen que los impuestos que recaudan son para mantener los servicios sociales; y digo yo que para subvencionar a los ricos también, aunque a los pobres haya que hacerles recortes. Los que sus ingresos proceden exclusivamente de una nómina, no pueden defraudar nada. Esos pagan puntualmente, entre otras cosas para poder subvencionar a los ricos. En definitiva; el gobierno no baja los impuestos, pero tolera el fraude, una política muy propia de un gobierno de ladrones, un gobierno compañero de partida de toda clase de defraudadores, estafadores y promotores de la corrupción. Me gustaría que en las próximas elecciones, a la izquierda del PSOE hubiera una sola candidatura para que los perjudicados por la crisis depositáramos en ella nuestro voto de manera unánime. Somos más de treinta millones. Expulsar del poder a esta casta, es un acto de patriotismo. .Sería muy interesante que algunos historiadores iniciaran el inmenso trabajo de escribir la “HISTORIA DE LA CORRUPCIÓN EN ESPAÑA”, y que fuera de obligada lectura, para conocernos.
Hemos avanzado; no podemos decir que estemos como en otros siglos, pero la mentalidad de nuestra burguesía sigue siendo la misma, vivir a cuenta del Estado.
No sigo, porque para comprender la corrupción hay que leer la historia de España y comprender a la derecha mugrienta y miserable que desangra a la nación desde hace siglos. ¿Quedarán aun en España ciudadanos con la bajeza moral suficiente, para dar un solo voto a esta corporación de ladrones? Si, a la vista está.
El último episodio de la corrupción lo ha protagonizado el Borbón saliente a cuenta de unos millones que han ido a parar a sus manos desde alguna empresa corruptora, algún monarca colega, alguna princesa con lencería inestable, con la ayuda de figurantes, testaferros y políticos de todo pelaje.
Donde hay capitalistas corruptores nuca faltarán políticos corrompidos.
Cuando un gobierno del PSOE sustituye a uno del PP es como aquella jota castellana que decía:
Estoy loco de contento
Porque me ha hecho mi madre
Unos calzoncillos nuevos
Con los viejos de mi padre.
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