Reflexiones de un obrero en la Semana Santa.

Reflexiones de un obrero en la Semana Santa. Oyendo la radio la mañana del viernes santo mientras laboraba en mis entretenimientos, oigo en la retransmisión de la emisora que tenía sintonizada que hay un Cristo del gran Poder. Yo sabía que hay un “Gran Poder”, lo llaman “los mercados”, “la banca” “globalización” gobernados según el método más cruel de gobernar la economía, según el cual, hay una minoría que se enriquece por encima del crecimiento regular de la misma y una inmensa mayoría que sufre la explotación, la esclavitud, la miseria, la precariedad, la incertidumbre sobre su propia vida y las privaciones; pero lo que no sabía era que tuvieran su propio Cristo, y que se conociera por un nombre tan específico como “Cristo del Gran Poder”. Ahora comprendo por qué los obreros estamos tan mal y que todos los palos nos los llevamos nosotros, reformas laborales, desahucios, explotación sin límites y la humillación de pertenecer a la clase social más desprestigiada de la sociedad. Llego a la conclusión de que eso nos pasa por no tener nuestro propio Cristo. No hay un Cristo para los pobres; el Cristo de los miserables (si es que existe), estará en alguna ermita lejana, desconocida y abandonada, víctima de la reforma laboral y olvidado por los jerarcas de la empresa esotérico-religiosa que desde hace siglos se dedica a gestionar esos asuntos y que ahora acaban de elegir a su director general, un argentino jesuita. Curiosamente, a esa élite, por ser la que manda en el negocio del Cristo (digo yo) le perdonan los impuestos y en las asignaciones de los presupuestos son los únicos que no tienen recortes. Todos los recortes para la clase obrera, por no tener su Cristo. También oigo que los gitanos tienen su propio Cristo. Llego a la conclusión que ¿cómo es posible que CC.OO no tenga su Cristo particular para que los obreros tengan casa gratis, puedan disfrutar de todos los derechos sociales sin recortes y sin pagar impuestos y que los poderes públicos sean tolerantes con el incumplimiento de las leyes y ordenanzas, como lo son con los gitanos? Pero está claro, es porque tienen su propio Cristo y los obreros no lo tenemos. Y me hago una pregunta ¿es que el propio Cristo no se ha dado cuenta que tiene abandonado al sector mayoritario de la población? Haré pública esta reflexión en los medios a mi alcance, y si llega a conocimiento de algún Cristo desocupado que tenga conexión a internet, a ver si se entera por medio de las redes sociales para que acoja a la clase obrera bajo su protección. Le prometo que lo sacaremos en procesión en el verano, cuando no llueva, así no tendremos la disculpa de la lluvia para dejarlo año tras año encerrado en su cuarto. Preferimos a un Cristo que no esté crucificado. A los obreros no nos gusta sacar en procesión una representación del sufrimiento, eso es para gente sádica, bastante sufrimiento tenemos con los accidentes de trabajo, las reformas laborales, los copagos y repagos en la sanidad, el impedimento en el acceso a la justicia y la pérdida generalizada de derechos, que curiosamente es llevado a cabo por el gobierno de un partido que en sus principios se declara muy seguidor de la doctrina de ese Cristo. Si a la jerarquía que gobierna la secta de los Cristos le hicieran los recortes presupuestarios que nos hacen a la clase obrera y denunciaran la injusticia que significa la globalización del liberalismo económico, quizá su asignación presupuestaria se viera seriamente recortada y ese sacrificio no están dispuestos a hacerlo como demostraron a lo largo de la historia, que siempre estuvieron dispuestos para la guerra si de defender y aumentar su poder y riquezas se trataba. Ahora también están dispuestos a silenciar la injusticia del liberalismo salvaje, si sus intereses, no solo no son tocados sino aumentados, beneficiándose de las privatizaciones en enseñanza y sanidad, aunque esas privatizaciones perjudiquen a la inmensa mayoría de sus creyentes, o clientes. Por tanto sugiero a mi sindicato que nos pongamos bajo la advocación de un Cristo al que llamaremos el “Cristo colorao”. Y llevará la vestimenta roja, como no puede ser menos.

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