Mis reflexiones

Mis reflexiones Aquí comienzas querida lectora, o lector, el reto de resistir leyendo hasta que te canses estos escritos que he pegado unos a otros para que parezca un libro. Mi conocimiento de la lengua se que no es suficiente para componer un estilo literario .Pronto te darás cuenta que la distancia entre mi dialéctica narrativa y la de Gabriel García Márquez es tanta como la que hay en kilómetros entre Badilla y Aracataca. Escribir sobre una materia determinada es una cosa muy seria y hay que tener mucho conocimiento para componer un libro completo sobre ella. Aunque la sabiduría me persiguió siempre, yo corrí más. El tiempo que pasa desocupado un jubilado puede parecer que es mucho, pero no es así. Si el jubilado desea obtener un aprobado, raspado, en la asignatura de entender el mundo, es imprescindible gastar ese tiempo en leer libros convenientes, escritos por gente savia. El principal derecho que tenemos todos es el de pensar y ejercer la libertad para expresar mis opiniones en estos papeles que tienes ante ti, querida lectora, o lector. Los medios de comunicación de la patronal (a lo largo del escrito verás que con frecuencia los califico como empresas de propaganda) hacen llegar hasta el público noticias sobre el devenir de la economía, la política y de otras muchas facetas que se desarrollan con el paso del tiempo. La información que nos suministran va dirigida a construir una opinión pública que favorezca sus intereses de clase. Asisto a la universidad Millán Santos, una sección para mayores de la universidad de Valladolid para escuchar enseñanzas de quienes verdaderamente saben. En una democracia, todos los ciudadanos debemos estar interesados por entender y participar en la vida social, económica y política de la sociedad en que vivimos. No tengo que obedecer a nadie. En este escrito la línea editorial la instauro yo que soy el que escribe las ideas que genera mi destartalado cerebro. Ejerzo la libertad de expresarlo según mi capacidad de pensar y mi escaso vocabulario disponible. No soy apolítico, tengo opinión sobre las cosas y en este escrito que has comenzado a leer expondré lo que pienso sobre algunas. A tener verdadero conocimiento de alguna materia no he llegado, pero a tener una considerable mezcolanza de ideas si. Escribir sobre alguna ciencia no puedo porque no conozco ninguna y para escribir una novela carezco de imaginación. A dejar mi opinión escrita sobre los acontecimientos que el tiempo trae si me atrevo; si todos lo hacen, yo también tengo derecho a hacerlo; si la trascendencia de los trabajos que componen otros, que viven de ello, a veces no es ninguna y otras mienten con descaro ¿por qué no voy a poder decir yo lo que se me ocurra? La diferencia es que los profesionales que publican sus opiniones en las empresas de comunicación no suelen opinar en contra de los intereses del dueño de esas empresas que les pagan. Aquí yo escribo sin que nadie me marque ninguna limitación. Lectora, o lector Si consideras que mis opiniones son erróneas achácalo a mi torpeza, pero no están sujetas a los intereses de ningún patrón, partido o cofradía. De los pocos aciertos y de los muchos disparates que leas el autor soy yo. La lectura, el estudio y la observación, son los mejores anteojos para ver el caminar del mundo. A todos nos amparan las leyes para participar activamente en la defensa de los derechos que nos corresponden como ciudadanos de un sistema democrático, y hasta me atrevo a decir que es moral y físicamente saludable hacerlo. Los que por edad ya no estamos en la vida del trabajo, debemos observar los acontecimientos que suceden en el caminar del mundo con el mismo interés que cuando lo estábamos, seguimos siendo ciudadanos con los mismos derechos y con los mismos deberes. La evolución de la vida, el paso del tiempo y la afición a observar los acontecimientos me hacen reflexionar sobre los hechos que la vida trae. La experiencia de mí ya largo camino por estas tierras son las gafas con que observo la evolución de la sociedad en la que vivo; a eso le añado el compromiso moral de no ser pasivo ante los problemas que aquejan al mundo. Siempre tuve y aún conservo afición a la lectura para conocer lo que personas más savias que yo dejaron escrito en los libros que escribieron. En los de historia narran algunos acontecimientos que en el pasado protagonizaron los vencedores de las pasadas guerras que luego gobernaron y explotaron estas tierras. Esa misma historia dice poco de los gobernados y explotados que en ellas vivieron. Querida lectora, pudiera ser que a lo largo de estos escritos sacaras en conclusión que yo estoy en contra del sistema político, económico y social porque soy crítico con algunos estamentos que forman el Estado. Nada más lejos de ello; lo que pasa es que desde que el sistema productivo prescindió de mis ya escasas fuerzas, el ocio, unido a mi afición a estrujar sobre los papeles la sequía de mi sesera, me han convertido en un personaje de los que retrata D. Benito Pérez Galdós, eternos charlatanes de política, conspiradores contra todos los gobiernos, sean del color que sean. Mi intención en la crítica no es para cambiar el sistema, que me paga generosamente sin trabajar, mis críticas y mis propuestas son para perfeccionarlo y que perdure para mi generación y para las venideras si es posible. La política, la economía, la pobreza, la riqueza, la justicia, la injusticia, las lágrimas del mundo, no son materias para camuflarlas entre la paja de la literatura, carezco de conocimientos literarios para ello, ni intención tengo de hacerlo. El discurso que escuchamos a la clase política y a sus compañeros de viaje, los periodistas, es un lenguaje denominado “políticamente correcto” que consiste en cubrir con charlatanería los problemas tal como son en la vida real, que es en definitiva una forma de mentirnos. Yo solo sé escasamente un lenguaje, el decir las cosas como las pienso con las palabras que conozco. Las reflexiones, análisis o vaticinios que dejo escritas quizás en algunas acierte, si así fuere y te sirven de ayuda para pasar un rato entretenido me daré por satisfecho. Cuando opine sobre las cosas del mundo mi opinión no será por completo independiente porque está formada por la información que otros me dieron, de los libros que leí que otros escribieron y de las opiniones que escuché decir a otros. Tampoco el observatorio que he elegido es imparcial; pertenezco a la CLASE OBRERA, soy afiliado consciente en una organización perteneciente a esa clase, CC.OO. Mi visión del mundo es la que se ve desde el otero que voluntariamente ocupo. Esto no me impedirá ser crítico con la clase social, ni con la organización a las que pertenezco, mis opiniones son libres y no escribo para satisfacer a nadie. Mis reflexiones son siempre sobre el trabajo, la economía y sobre todo lo que tenga que ver con el justo reparto de la riqueza y los derechos y libertades de los obreros, propios de un sistema democrático. Opino sobre los hechos y sobre las personas que los protagonizan desde los puestos de responsabilidad política. Lo que inspira mis escritos no es la ciencia de las aulas, sino la vida de la calle y mi observación del mundo. Pongo todo mi empeño y lo que da de sí mi escaso entendimiento en elaborar mis opiniones; cuando mi versión de las cosas juzgue el lector que están muy alejadas de su criterio, uno de los dos puede estar equivocado, o quizá los dos. En estos escritos la improbable lectora pude encontrar torpeza, falta de ideas o de léxico para explicarlas, pero no encontrará tendencia a la maldad ni a la mentira. Si alguien tiene paciencia para llegar al final, pudiera ser que algún pasaje del escrito revuelva su moral por estar mal escrito, lo más probable, o por discrepancias profundas de criterio, en el mundo no todos pensamos igual; dicen los franceses que si dos personas piensan exactamente igual, uno de los dos es tonto. En esta recopilación de opiniones, cuando me refiera a cualquier asunto, los escritos no serán muy largos; en primer lugar porque carezco de conocimiento literario ni científico para extenderme en florituras del lenguaje o en explicaciones técnicas, y en segundo porque como decía un clásico del Siglo de Oro (creo que era D. Baltasar Gracián) “a más palabras, más errores”, trataré que la lectura resulte amena a la que a bien tuviere leer estas páginas, me alegraré si sirven cuando menos para divertimento, y si además fueran de ayuda para comprender el mundo más cercano me daré por satisfecho. Decía el escritor Juan Manuel de Prada en una entrevista que le hizo Pablo Iglesias en un programa de televisión que se llama La Tuerca, que la literatura es la expresión de la belleza por medio de la palabra, que produce en el lector un placer inmediato. Creo que tiene razón y si quien escribe lo hace con la sabiduría que él lo hace pues más aún. La literatura también puede usarse para hacer un relato de las lágrimas del mundo, si el personaje del escrito es toda una clase social que tiene más motivos para llorar que para reír, la literatura nos puede producir más sufrimiento que placer y entre más perfección tenga la narrativa, más sufriremos. Querida lectora, cuando de aquí adelante leas la narración que haya conseguido componer sobre cualquier asunto que brote con el paso del tiempo, procuraré no solo hacer el análisis crítico, o de reconocimiento si lo merece, sino también proponer una solución. Pienso que en la política no todas las ideas tienen que ser firmes e inamovibles; una característica, quizá la primera, de un político es conocer el mundo en el que vive y su evolución. El político es el que conduce a su país por el intrincado camino de la evolución del mundo. El buen político tiene que poseer muchas virtudes, entre ellas la clarividencia de conocer la idiosincrasia de sus gobernados, de dónde venimos para tener una idea adónde debemos ir los que componemos el viaje. Igual que para conducir un coche hace falta conocer un código donde se establecen unas normas que todos tenemos que conocer y respetar, quizá el político tenga menos normas, pero una es imprescindible, la visión certera de la realidad, para poder planificar el futuro. Si gobernara yo, si cobraría por el trabajo que eso implicara. No estoy de acuerdo con ese sector del populacho que dice que los políticos trabajen gratis. En la política tienen que estar los mejores y a los mejores hay que pagarles y si son buenos para ocupar puestos importantes hay que pagarles bien, el que accede a ir gratis a la política, es porque de alguna manera piensa compensar su labor y ahí empieza el cohecho, la prevaricación y la corrupción. Cuando los mediocres recurren al oficio de la política como medio de ganarse la vida, es porque los buenos no quieren el oficio. El haber nacido a mediados de uno de los pasados siglos, (no recuerdo cual) me ha convertido en escéptico y a tener dudas sobre casi todo. No soy abstencionista, ni ajeno al disparate nacional. Con los disparates de mi propia cosecha he compuesto lo que voy a denominar como un ideario, lo que pienso de las cosas más diversas. Los carreteros que guiaron la carreta española los últimos 40 años lo han hecho por los caminos del neoliberalismo salvaje, muchos españoles se tuvieron que bajar de ella porque no podía con todos, hay 3.000.000 que ni siquiera pueden empujarla y están en las cunetas de la miseria. Por estos páramos y barrancas castellanas hay un viejo refrán que define exactamente la ideología de los gobernantes de todos los partidos que dice así “administrador que administra y enfermo que se enjuaga, algo traga”. A muchos políticos que nos han gobernado les hemos visto más preocupados en conseguir bicocas para sus castas (que financian sus campañas electorales), que en gestionar con solvencia eficacia y honradez el patrimonio común de los ciudadanos. Los grupos de poder, ajenos a la democracia, son los auténticos beneficiarios de la gestión que los políticos hacen de los impuestos que aportamos casi todos los españoles. Una llamada telefónica de un rico a un político tiene más influencia en las decisiones que éste tome, que los votos de los que le eligieron. No tienen ningún escrúpulo en elaborar leyes que eliminan las libertades y dificultan el acceso a la justicia de los pobres, si esas leyes son beneficiosas para la casta capitalista dueña del sistema, banqueros, constructores y clérigos; los que en España, con democracia o con dictadura siempre fueron los amos y los que prosperaron a cuenta de la miseria y la explotación del pueblo. ¿No podrá haber en España algún partido que tenga la honestidad como forma de gobierno, exigiendo en primer lugar que todo aquel que robe, malverse o desfalque cualquier cantidad de los bienes públicos esté obligado a devolverlo, además de afrontar la condena correspondiente por la falta cometida? No hay un político de ningún partido, que la palabra seriedad no la incluya en todos sus discursos con el único fin de aparentar lo que no es. En un político la seriedad debería equivaler a honradez, en España esa virtud está en desuso. Me considero de la minoría decente, no pertenezco ni a la derecha ladrona ni a la izquierda idiota. Creo que es conveniente escribir alguna página al principio que haga mención a la historia del personal que ha pateado el mismo terreno que patea el que esto escribe mientras no se le acabe la vida.

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