l virus del jueves 9.

El virus del jueves 9. La noche pasada escuché en una empresa radiofónica de propaganda de la patronal a unas charlatanillas que quizá hayan conseguido el puesto de trabajo con un contrato de tertulianas en prácticas. Las damiselas daban la impresión que la empresa contratante le había dado el argumentario de su intervención en el que incluía llamar a Felipe González “estadista.” Los que hemos nacido en otros siglos e incluso hemos compartido bocadillo con el personaje, no le llamamos “estadista” le llamamos corrupto, como se lo llaman en un libro titulado “EL SAQUEO DE ESPAÑA,” escrito por José Díaz Herrera e Isabel Durán. Si los obreros miramos al personaje desde aquella época tan alabada de la transición, le podemos llamar traidor, porque el estatuto de los trabajadores que firmó junto con la UCD empeoró la legislación laboral franquista. Si lo juzgamos como presidente del gobierno tendremos que decir que es un canalla porque él fue el que provocó la huelga general de 1986, con el entusiasta apoyo de otro honorable caco catalán, el que inició la modalidad de los contratos basura, que ahora padecen esas señoritas que le llaman “estadista.” No sé si a las charlatanillas, o tertulianas, le habrá dado el patrón el guión con el contenido de sus intereses o se lo habrán enseñado en uno de esos chiringuitos universitarios donde se enseña exclusivamente neoliberalismo salvaje, y si es de ideas muy avanzadas quizá se enseñe hasta lo políticamente correcto, pero siempre quedando a salvo los interese del dueño de la empresa mediática y de sus socios. Desde hace unos días se escucha hablar de la posibilidad de un nuevo pacto a la manera de los que han pasado a la historia como Pactos de la Moncloa. El nuevo pacto, según la emisora y sus tertulianas, los tienen que firmar “los estadistas”, o sea, los que yo llamo ladrones, porque parece ser que el que ahora es vicepresidente del gobierno, profesor de ciencias políticas, a las charlatanillas le han ordenado decir que no está preparado para el cargo y por tanto tampoco para los pactos. Según las cotillas, o su patrón, para estar preparado hay que llevar en el oficio de desangrar a la patria desde la administración pública siglos, como la derecha, o décadas de experiencia en la corrupción y las mordidas, como el “estadista” González. Tan bien las han adiestrado en algún chiringuito universitario de esos donde ejerce de profesor Marhuenda, que asumen el papel de descalificar a toda una candidatura que hemos elegido las víctimas de todos los pactos. Yo quiero que si hubiera pacto, incluyera el industrializar el país y cambiar esta modelo productivo por otro que fuera capaz de que España sea por su propia creatividad uno de los países modernos, que no es lo mismo que modernizado. El nuevo pacto tiene que incluir el acabar con la corrupción, que es la causa del 23 % del fraude fiscal y de que España sea el país más desigual de Europa, con la mayor economía sumergida, con los peores niveles educativos, no hay más que escuchar o ver en los medios de propaganda las nuevas hornadas de periodistas. Comprendo al empresariado mediático que prefiera que si hay que firmar un nuevo pacto lo hagan los mismos “estadistas” que les firmaron los anteriores para que los próximos les permitan también vivir y prosperar durante otras cuantas décadas a costa del saqueo de las arcas públicas, por poner algún ejemplo; poder meter 10.000 millones de sobrecostes en las obras del AVE, aunque luego no tengamos para mascarillas; u otros 5.000 en las autopistas radiales de Madrid; o le proporcionaron 1.600 al del Real Madrid con lo del gas, o que le hagan a medida una ley de reordenación del sector eléctrico para que las eléctricas, (las que luego contratan a los “estadistas” cuando salgan de la política con un jornalillo de 200.000 €) para que se puedan llevar indebidamente 100.000 millones. Quizá los “estadistas” ni siquiera les invitaran a 34, de los 35 del IBEX, que repatríen las mil cuentas que tiene en los paraísos fiscales. Seguro que los “estadistas” les permitirán seguir desmontando lo que queda de la sanidad pública para que los de los sobrecostes hagan también negocio con ella, porque los “estadistas” en lo que son los derechos ciudadanos como dice la Constitución, ellos solo ven un nicho de mercado. Antes de los pactos teníamos que resolver una cosa y es que a los partidos de los “estadistas”, como lo único que han demostrado hasta aquí es el ahínco que pusieron en el desmantelamiento del Estado, mandarlos al grupo mixto; sus víctimas somos 32.000.000, más o menos, no hay ningún motivo para que no seamos mayoría absoluta. No queremos “estadistas” en los pactos, queremos a quien defienda los derechos de los ciudadanos. No sé, si, sin beberos antes una botella de orujo, seríais capaces de imaginar que el “estadista” del pacto fuera Aznar, depósito de maldad, infernal personaje, lo más nefasto que ha soportado la nación española desde la pérdida de Cuba y Filipinas. En España, “estadista” y canalla equivale a lo mismo. ¡¡POR LO TANTO, NO A LOS ESTADISTAS! Lunes seis de abril. Las huellas que nos dejará el coronavirus que nos ha invadido, incidirán en todas las parcelas de nuestra vida de forma que aun no prevemos. Después de la salud, lo más importante en un sistema capitalista es la economía, incluso la salud, para ellos es un nicho de mercado. El dinero que llega a nuestras manos es lo que nos permite afrontar la vida con cierta dignidad. Lo que mueve la economía es el trabajo. El corazón (el trabajo) impulsa la sangre, (el dinero) y da vida al cuerpo (el país). Cuando el corazón se para el cuerpo se muere. El coronavirus, que se ha extendido por el mundo en forma de pandemia, ha quedado el cuerpo de la economía con el mínimo riego sanguíneo porque los obreros tienen bula, ahora se llama ERTE, y están guardando la cuaresma en casa. La economía de los países en mayor o menor medida se ha paralizado, acontecimiento que nunca había sucedido en la historia económica del mundo. Los gobernantes actuales se tienen que enfrentar a un acontecimiento inédito en la historia económica. Al llegar aquí querida lectora, o lector, tengo que decirte que para que entiendas el método de inyectar dinero en la economía y no se note que los obreros han estado en casa, te recomiendo que leas el libro del profesor de economía de la universidad de Sevilla Juan Torres titulado “coronavirus y economía” La situación es grave, no es una broma, hablan incluso de reeditar unos nuevos pactos de la Moncloa, un gran acuerdo entre todas las fuerzas políticas, económicas y sociales. Sobre esos pactos, si es que se producen, como el que escribe éste papel soy yo y la opinión que en él queda es solo mía, diré que no estoy dispuesto a que los nuevos pactos los paguen los de siempre, como los de la Moncloa. ¿Quién los tiene que pagar ahora? Los beneficiarios de todos los pactos anteriores los primeros. , Los segundos. Los 170.000 millonarios nuevos que se han hecho durante la crisis inmobiliaria que nos montó el PP en etapa de Aznar. Los terceros. Los nuevos pactos de la Moncloa, o como se llamen, tienen que conseguir que el fraude fiscal baje al 5 % en dos años (ya se querida lectora, o lector, que lo honesto sería bajar al 0 %, pero el que escribe sabe en el país que vive, y en los demás países también hay algún sitio para los ladrones), bajándolo al porcentaje citado tendríamos 125.000 millones más. O sea, los defraudadores. Los cuartos. Los que trabajan en la economía sumergida, es decir ilegalmente (calcula que estamos en el 20 %), En quinto lugar. Los futuros pactos (si los hay) deberían decir: No se concederán negocios, ni prebendas fiscales al imperio vaticano ni se financiarán misas, rosarios, novenas, besa pies, procesiones, u otros eventos supersticiosos. Después de enviarle un cordial saludo paso a relatar mi opinión como usuario de la Sanidad Pública. No dejemos que sean otros los que decidan. Porque pueden volver a mentirnos o puede que no sean lo suficientemente fuertes como para enfrentarse a quienes durante tanto tiempo han manejado los hilos. Esta vez no. Hagámoslo entre todos, apaguemos la oscuridad A principios de enero las empresas de propaganda de la patronal comenzaron a saturarnos con noticias sobre él; Fue en una ciudad China llamada Wuhan donde inició su expansión y desde allí se ha extendido en forma de pandemia como lo ha calificado la Organización Mundial de la Salud (OMS) por el resto del mundo. Las medidas que el gobierno chino adoptó para combatir su propagación fueron aislar a la población en sus casas para evitar o disminuir el contagio; aun así el virus se propagó a otros países, Corea, Italia, España y el resto del mundo. En España el gobierno ha decretado el estado d alarma y la población tenemos que estar confinados en casa, sin salir a la calle a partir del Día 14 de éste mes de marzo; está previsto que estemos hasta el 11 de abril. Lo ampliarán algunas semanas más. Cuando esto escribo, 31 de marzo hay en España 94417 contagiados, 8189 muertos y se han recuperado 19259; en Castilla y León hay 5801 confirmados, 516 muertos y 1028 recuperados, en el mundo son 789763, 37878 y 166276, respectivamente, pero éstas cifras son de ahora mismo, mañana en España habrá unos cientos más, las cifras varían constantemente, cuando se pase la pandemia habrá que hacer un recuento que dará una cantidad que ni imaginar puedo. La provincia donde más incidencia ha tenido es Madrid, lleva más de tres mil muertos, sus hospitales públicos están saturados; los militares han instalado hospitales de campaña en el recinto de la Feria de muestras (IFEMA). Desde el día que comenzó la alarma, Ana no ha vuelto a salir de casa, para comprar lo que hemos necesitado he ido yo. Toda la actividad económica está paralizada menos los servicios esenciales para la vida, hospitales, policías, ejército, alimentación, farmacias, transportes. La ciudadanía ha acatado el decreto con resignación y civismo y como de civismo hablamos, los incívicos no se han resignado y ha tenido que intervenir la Guardia Civil para obligarles a cumplir las normas. El que mandaba aquella fuerza en el pueblo de Haro, en la Rioja, se contaminó del virus y a consecuencia de ello murió días pasados; a otros cuatro de la misma etnia que viajaban en el mismo coche (no se puede viajar más de uno en un coche) les echó el alto la guardia civil, no solo hicieron caso omiso, sino que atropellaron a uno de los guardias hiriéndole gravemente. Enfermedades infecciosas que han ocasionado millones de muertos ha habido siempre, las últimas que yo tengo noticias han sido el SIDA y el Ébola, pero de ésta magnitud, que la población tengamos que recluirnos en casa nunca lo había conocido la humanidad; oigo noticias que dicen que en estos momentos en el mundo tres mil millones de personas confinadas. En casa lo llevamos con la actitud que habitualmente tenemos uno hacia el otro, no hablándonos no discutimos, estamos como siempre, callados uno al lado del otro, me entretengo en leer, escribir, ordenar mis escritos, colocar los libros, hacer ejercicio en la bicicleta estática, abdominales en el suelo, no veo la televisión nada más que a la hora de comer y cenar, es un medio de información dañino para la salud mental de los ciudadanos. Todas las tardes, a las ocho, salimos a las ventanas y balcones a aplaudir a los que trabajan en la sanidad pública enfrentándose a la pandemia con escasez de recursos, humanos y materiales. Esto del aplauso vespertino es una solidaridad de pacotilla, porque, ¿aplaudirán también los votantes del PP? si así fuera, su voto ha servido para aplaudirle a 35.000 menos, que son los que con su voto ha quitado el PP de la sanidad pública durante estos años pasados con los recortes. Su voto ha servido para que los servicios públicos sean un nicho de mercado y no un derecho como dice la Constitución. Cuando ésta catástrofe se pase rectificaremos, o ¿nos instalaremos en la tontuna ideológica del neoliberalismo consumista de siempre? La noche pasada escuché en una empresa radiofónica de propaganda de la patronal a unas charlatanillas que quizá hayan conseguido el puesto de trabajo con un contrato de tertulianas en prácticas. Las damiselas daban la impresión que la empresa contratante le había dado el argumentario de su intervención en el que incluía llamar a Felipe González “estadista.” Los que hemos nacido en otros siglos e incluso hemos compartido bocadillo con el personaje, no le llamamos “estadista” le llamamos corrupto, como se lo llaman en un libro titulado “EL SAQUEO DE ESPAÑA,” escrito por José Díaz Herrera e Isabel Durán. Si los obreros miramos al personaje desde aquella época tan alabada de la transición, le podemos llamar traidor, porque el estatuto de los trabajadores que firmó junto con la UCD empeoró la legislación laboral franquista. Si lo juzgamos como presidente del gobierno tendremos que decir que es un canalla porque él fue el que provocó la huelga general de 1986, con el entusiasta apoyo de otro honorable caco catalán, el que inició la modalidad de los contratos basura, que ahora padecen esas señoritas que le llaman “estadista.” No sé si a las charlatanillas, o tertulianas, le habrá dado el patrón el guión con el contenido de sus intereses o se lo habrán enseñado en uno de esos chiringuitos universitarios donde se enseña exclusivamente neoliberalismo salvaje, y si es de ideas muy avanzadas quizá se enseñe hasta lo políticamente correcto, pero siempre quedando a salvo los interese del dueño de la empresa mediática y de sus socios. Desde hace unos días se escucha hablar de la posibilidad de un nuevo pacto a la manera de los que han pasado a la historia como Pactos de la Moncloa. El nuevo pacto, según la emisora y sus tertulianas, los tienen que firmar “los estadistas”, o sea, los que yo llamo ladrones, porque parece ser que el que ahora es vicepresidente del gobierno, profesor de ciencias políticas, a las charlatanillas le han ordenado decir que no está preparado para el cargo y por tanto tampoco para los pactos. Según las cotillas, o su patrón, para estar preparado hay que llevar en el oficio de desangrar a la patria desde la administración pública siglos, como la derecha, o décadas de experiencia en la corrupción y las mordidas, como el “estadista” González. Tan bien las han adiestrado en algún chiringuito universitario de esos donde ejerce de profesor Marhuenda, que asumen el papel de descalificar a toda una candidatura que hemos elegido las víctimas de todos los pactos. Yo quiero que si hubiera pacto, incluyera el industrializar el país y cambiar esta modelo productivo por otro que fuera capaz de que España sea por su propia creatividad uno de los países modernos, que no es lo mismo que modernizado. El nuevo pacto tiene que incluir el acabar con la corrupción, que es la causa del 23 % del fraude fiscal y de que España sea el país más desigual de Europa, con la mayor economía sumergida, con los peores niveles educativos, no hay más que escuchar o ver en los medios de propaganda las nuevas hornadas de periodistas. Comprendo al empresariado mediático que prefiera que si hay que firmar un nuevo pacto lo hagan los mismos “estadistas” que les firmaron los anteriores para que los próximos les permitan también vivir y prosperar durante otras cuantas décadas a costa del saqueo de las arcas públicas, por poner algún ejemplo; poder meter 10.000 millones de sobrecostes en las obras del AVE, aunque luego no tengamos para mascarillas; u otros 5.000 en las autopistas radiales de Madrid; o le proporcionaron 1.600 al del Real Madrid con lo del gas, o que le hagan a medida una ley de reordenación del sector eléctrico para que las eléctricas, (las que luego contratan a los “estadistas” cuando salgan de la política con un jornalillo de 200.000 €) para que se puedan llevar indebidamente 100.000 millones. Quizá los “estadistas” ni siquiera les invitaran a 34, de los 35 del IBEX, que repatríen las mil cuentas que tiene en los paraísos fiscales. Seguro que los “estadistas” les permitirán seguir desmontando lo que queda de la sanidad pública para que los de los sobrecostes hagan también negocio con ella, porque los “estadistas” en lo que son los derechos ciudadanos como dice la Constitución, ellos solo ven un nicho de mercado. Antes de los pactos teníamos que resolver una cosa y es que a los partidos de los “estadistas”, como lo único que han demostrado hasta aquí es el ahínco que pusieron en el desmantelamiento del Estado, mandarlos al grupo mixto; sus víctimas somos 32.000.000, más o menos, no hay ningún motivo para que no seamos mayoría absoluta. No queremos “estadistas” en los pactos, queremos a quien defienda los derechos de los ciudadanos. No sé, si, sin beberos antes una botella de orujo, seríais capaces de imaginar que el “estadista” del pacto fuera Aznar, depósito de maldad, infernal personaje, lo más nefasto que ha soportado la nación española desde la pérdida de Cuba y Filipinas. En España, “estadista” y canalla equivale a lo mismo. ¡¡POR LO TANTO, NO A LOS ESTADISTAS! Lunes seis de abril. Las huellas que nos dejará el coronavirus que nos ha invadido, incidirán en todas las parcelas de nuestra vida de forma que aun no prevemos. Después de la salud, lo más importante en un sistema capitalista es la economía, incluso la salud, para ellos es un nicho de mercado. El dinero que llega a nuestras manos es lo que nos permite afrontar la vida con cierta dignidad. Lo que mueve la economía es el trabajo. El corazón (el trabajo) impulsa la sangre, (el dinero) y da vida al cuerpo (el país). Cuando el corazón se para el cuerpo se muere. El coronavirus, que se ha extendido por el mundo en forma de pandemia, ha quedado el cuerpo de la economía con el mínimo riego sanguíneo porque los obreros tienen bula, ahora se llama ERTE, y están guardando la cuaresma en casa. La economía de los países en mayor o menor medida se ha paralizado, acontecimiento que nunca había sucedido en la historia económica del mundo. Los gobernantes actuales se tienen que enfrentar a un acontecimiento inédito en la historia económica. Al llegar aquí querida lectora, o lector, tengo que decirte que para que entiendas el método de inyectar dinero en la economía y no se note que los obreros han estado en casa, te recomiendo que leas el libro del profesor de economía de la universidad de Sevilla Juan Torres titulado “coronavirus y economía” La situación es grave, no es una broma, hablan incluso de reeditar unos nuevos pactos de la Moncloa, un gran acuerdo entre todas las fuerzas políticas, económicas y sociales. Sobre esos pactos, si es que se producen, como el que escribe éste papel soy yo y la opinión que en él queda es solo mía, diré que no estoy dispuesto a que los nuevos pactos los paguen los de siempre, como los de la Moncloa. ¿Quién los tiene que pagar ahora? Los beneficiarios de todos los pactos anteriores los primeros. , Los segundos. Los 170.000 millonarios nuevos que se han hecho durante la crisis inmobiliaria que nos montó el PP en etapa de Aznar. Los terceros. Los nuevos pactos de la Moncloa, o como se llamen, tienen que conseguir que el fraude fiscal baje al 5 % en dos años (ya se querida lectora, o lector, que lo honesto sería bajar al 0 %, pero el que escribe sabe en el país que vive, y en los demás países también hay algún sitio para los ladrones), bajándolo al porcentaje citado tendríamos 125.000 millones más. O sea, los defraudadores. Los cuartos. Los que trabajan en la economía sumergida, es decir ilegalmente (calcula que estamos en el 20 %), En quinto lugar. Los futuros pactos (si los hay) deberían decir: No se concederán negocios, ni prebendas fiscales al imperio vaticano ni se financiarán misas, rosarios, novenas, besa pies, procesiones, u otros eventos supersticiosos. Después de enviarle un cordial saludo paso a relatar mi opinión como usuario de la Sanidad Pública. No dejemos que sean otros los que decidan. Porque pueden volver a mentirnos o puede que no sean lo suficientemente fuertes como para enfrentarse a quienes durante tanto tiempo han manejado los hilos. Esta vez no. Hagámoslo entre todos, apaguemos la oscuridad A principios de enero las empresas de propaganda de la patronal comenzaron a saturarnos con noticias sobre él; Fue en una ciudad China llamada Wuhan donde inició su expansión y desde allí se ha extendido en forma de pandemia como lo ha calificado la Organización Mundial de la Salud (OMS) por el resto del mundo. Las medidas que el gobierno chino adoptó para combatir su propagación fueron aislar a la población en sus casas para evitar o disminuir el contagio; aun así el virus se propagó a otros países, Corea, Italia, España y el resto del mundo. En España el gobierno ha decretado el estado d alarma y la población tenemos que estar confinados en casa, sin salir a la calle a partir del Día 14 de éste mes de marzo; está previsto que estemos hasta el 11 de abril. Lo ampliarán algunas semanas más. Cuando esto escribo, 31 de marzo hay en España 94417 contagiados, 8189 muertos y se han recuperado 19259; en Castilla y León hay 5801 confirmados, 516 muertos y 1028 recuperados, en el mundo son 789763, 37878 y 166276, respectivamente, pero éstas cifras son de ahora mismo, mañana en España habrá unos cientos más, las cifras varían constantemente, cuando se pase la pandemia habrá que hacer un recuento que dará una cantidad que ni imaginar puedo. La provincia donde más incidencia ha tenido es Madrid, lleva más de tres mil muertos, sus hospitales públicos están saturados; los militares han instalado hospitales de campaña en el recinto de la Feria de muestras (IFEMA). Desde el día que comenzó la alarma, Ana no ha vuelto a salir de casa, para comprar lo que hemos necesitado he ido yo. Toda la actividad económica está paralizada menos los servicios esenciales para la vida, hospitales, policías, ejército, alimentación, farmacias, transportes. La ciudadanía ha acatado el decreto con resignación y civismo y como de civismo hablamos, los incívicos no se han resignado y ha tenido que intervenir la Guardia Civil para obligarles a cumplir las normas. El que mandaba aquella fuerza en el pueblo de Haro, en la Rioja, se contaminó del virus y a consecuencia de ello murió días pasados; a otros cuatro de la misma etnia que viajaban en el mismo coche (no se puede viajar más de uno en un coche) les echó el alto la guardia civil, no solo hicieron caso omiso, sino que atropellaron a uno de los guardias hiriéndole gravemente. Enfermedades infecciosas que han ocasionado millones de muertos ha habido siempre, las últimas que yo tengo noticias han sido el SIDA y el Ébola, pero de ésta magnitud, que la población tengamos que recluirnos en casa nunca lo había conocido la humanidad; oigo noticias que dicen que en estos momentos en el mundo tres mil millones de personas confinadas. En casa lo llevamos con la actitud que habitualmente tenemos uno hacia el otro, no hablándonos no discutimos, estamos como siempre, callados uno al lado del otro, me entretengo en leer, escribir, ordenar mis escritos, colocar los libros, hacer ejercicio en la bicicleta estática, abdominales en el suelo, no veo la televisión nada más que a la hora de comer y cenar, es un medio de información dañino para la salud mental de los ciudadanos. Todas las tardes, a las ocho, salimos a las ventanas y balcones a aplaudir a los que trabajan en la sanidad pública enfrentándose a la pandemia con escasez de recursos, humanos y materiales. Esto del aplauso vespertino es una solidaridad de pacotilla, porque, ¿aplaudirán también los votantes del PP? si así fuera, su voto ha servido para aplaudirle a 35.000 menos, que son los que con su voto ha quitado el PP de la sanidad pública durante estos años pasados con los recortes. Su voto ha servido para que los servicios públicos sean un nicho de mercado y no un derecho como dice la Constitución. Cuando ésta catástrofe se pase rectificaremos, o ¿nos instalaremos en la tontuna ideológica del neoliberalismo consumista de siempre?

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