España país moderno.
España país moderno.
En el siglo que me pusieron en el mundo, al pueblo donde crecí no había llegado la electricidad, ni había artilugios mecánicos de ninguna especie, los animales eran la fuerza con que se labraba la tierra. Los siglos XVIII y XIX en aquel pueblo, acabaron el año 1953 cuando llegó la luz eléctrica. En solo setenta años hemos incorporado a nuestra vida los artilugios que los países verdaderamente modernos inventan. El redactor de estos escritos, a mediados del siglo XX viajaba a pie o en burro, sesenta años después ha estrenado tres coches, ha viajado multitud de veces en avión, en tren de alta velocidad, ha visitado los principales países europeos como turista, me comunico con cualquier país del mundo con un invento moderno que llevo en el bolsillo, el sistema social, político y económico me paga una pensión y un médico me receta medicamentos para que hagan más llevadero el camino hasta su final.
Nací en un país antiguo y vivo en un país moderno, pero ¿verdaderamente España es un país moderno? Yo creo que en artilugios y modos de vida si, pero el verdadero espíritu hispano es antiguo. Tenemos carreteras modernas, casi todas llenas de coches y camiones como las de los países modernos, pero los emprendedores hispanos no saben fabricar ningún artefacto mecánico de los que ocupan esas carreteras, es de creación española. No hace falta, un pícaro español puede ganar más dinero construyendo una autovía que un industrial europeo con una fábrica de esos artefactos mecánicos.
Cuando los extranjeros en el siglo XIX inventaron la electricidad, el teléfono, el motor de vapor, el de explosión, la penicilina y otros inventos que han llenado el mundo de humo y gente, hacía tres siglos que en España habíamos inventado un refrán que dice “administrador que administra y enfermo que se enjuaga, algo traga.”
La primera industria española es la picaresca; en el siglo XVII D. Miguel de Cervantes Saavedra escribió la novela Rinconete y Cortadillo; en ella narra que la cofradía de Monipodio donaba una parte de lo robado, para el aceite de la lámpara de una imagen muy devota que les había hecho cosas muy buenas. Cuatro siglos después, cuando somos modernos, lo narrado por D. Miguel de Cervantes se ha hecho realidad, lo que donaba Monipodio para el aceite de la lámpara, ahora, en la época de la modernidad, son 11337 millones de € y aquella imagen devota ahora se llama imperio vaticano. El Monipodillo de ahora, con bigotillo y melenita, cuando fue presidente del Monipodio patrio hizo una ley a medida del imperio de la santa con la que se han apropiado de 35.000 propiedades que antes eran de todos los españoles.
Cuando no éramos modernos, los antiguos hidalgos, altos de pensamientos y bajos de fortuna, están muy bien descritos en obras como el Lazarillo de Tormes, el primer capítulo del Quijote de Don Miguel de Cervantes y otros muchos gloriosos literatos y poetas de pasados siglos que dejaron descrita la picaresca y la hidalguía españolas en las páginas de sus obras. La nobleza y la hidalguía de hace cuatro siglos, ahora en el siglo XXI con traje del Corte Inglés y teléfono chino, siguen disfrutando de las prebendas de la patria como en los antiguos tiempos.
Cuando no éramos modernos hicimos guerras entre españoles para conquistar los sueldos de la patria. El bando ganador de las guerras conquistó el vivir a cuenta de la nación y el bando perdedor se quedó con la obligación de alimentar a los que ganaron. Después de la última guerra, toda la nobleza, la hidalguía, los de la santa del aceite y toda la picaresca hispana se pusieron al mando de un capataz del Ferrol con rango de general y siguieron disfrutando durante cuarenta años.
Murió el capataz, como las ubres de la patria estaban ocupadas por los que las habían ganado en las guerras y no era posible quitárselas con otra guerra, hubo que criar más vacas para que tuvieran teta los hijos, los nietos y los que habían usado pantalones campanos y melena cuando estaba el capataz al mando. Los zánganos de la antigua nobleza e hidalguía ahora son la derecha y los del pantalón campano y la melena de la época del capataz hacen el papel de la izquierda, para el pueblo perdedor la desigualdad, la precariedad y la incertidumbre. A los sueldos de varios miles de euros mensuales de los ganadores no tienen acceso la clase obrera, ni sus hijos ni sus nietos
No sabemos construir una rueda, pero las calles de las ciudades y pueblos están tan llenas de coches como en otros países
Si retiráramos de nuestras calles los coches alemanes, franceses, japoneses, coreanos, italianos, americanos y las motos japonesas o italianas por nuestras calles solo habría coches de caballos. Si quitáramos de las carreteras los camiones y autocares suecos, alemanes, franceses o italianos los transportes de mercancías y viajeros serían a pie o en burro. Si no fuera por los americanos, los japoneses, los coreanos o los chinos que han inventado las televisiones de plasma, los del PP, con Rajoy al frente tendrían que ir a declarar al juzgado en la mula. Gracias a los coreanos que saben fabricar teléfonos y a los americanos o los chinos que crean los sistemas, todos los días me mandan fotografías de mi nieto por WhtsApp, si no fuera por eso, para ir a verlo tendría que hacer igual que hacía a mediados de uno de los pasados siglos para ir a la feria del pueblo de al lado, ir andando o en la burra el arroyo arriba a través del monte. Los mismos que inventaron los coches y camiones que cito más atrás, nos vendieron la maquinaria pesada para que los conseguidores, especuladores, explotadores y corruptores marca España tuvieran la ocasión de desangrar a la nación con presupuestos hinchados y fraudulentos, admitidos por los corruptos del gobierno para construir autovías y ferrocarriles.
Desde que los americanos inventaron la televisión, los beatos de aquí no necesitan a la Guardia Civil como en otros tiempos para obligarnos a ir a escuchar las mentiras que nos decían desde el púlpito los domingos. En estos tiempos modernos los párrocos solo tiene de clientela a cuatro viejas, para recibir la propaganda de los poderosos tenemos un púlpito cada uno en nuestra casa, desde donde los modernos párrocos se llaman tertulianos, locutores y presentadores dedicados a algo tan antiguo como el contar mentiras, hemos cambiado el sermón por el editorial, las catequesis y los ejercicios espirituales, por la tertulia de correligionarios defensores de algo tan sumamente moderno como el feudalismo neoliberal, el mismo sistema que existía por estos páramos hace mil años.
Como en este escrito ando a vueltas con eso de la modernidad de España, antes de que se me vacíe la sesera tengo que dejar aquí escrito sobre un hecho que observé un día cuando viajaba por la autovía con dirección a Zamora.
Había unos obreros recortando los arbustos que plantan en los márgenes de la carretera, para que los emprendedores de los viveros ganen dinero, manejando un tractor fabricado en el extranjero al que le habían acoplado un mecanismo también fabricado en el extranjero, que dejaba la labor de poda perfectamente a gran velocidad: Gracias a la modernidad de los extranjeros que inventaron los coches y las máquinas para construir las carretas tenemos nuevas profesiones como podador de arbustos al lado de la autovía. Si esos obreros hubieran usado tecnología de poda española, tendrían que haber usado unas tijeras, un hacha, una hoz o una guadaña. No me equivocaré mucho si digo que los antepasados de los modernos de ahora ya desangraban a la nación desde cualquier facción en la época del marqués de Esquilache. El único cambio hacia la modernidad es que los que robaban adornando su imagen con chambergo de ala ancha ahora lo hacen con corbata del Corte Inglés.
Los principios filosóficos y morales de esta arrebatadora modernez por los que se rigen las conciencias de los políticos y de sus votantes quedan demostrados en la acción de gobierno de los elegidos y el reiterado voto de los electores. Entre los muchos del gobierno que se dedican a decirnos que somos modernos hay apellidos que llevan en la modernidad varios siglos, por ejemplo el apellido Méndez de Vigo, que según cuenta en la historia escrita por el Marqués de Lozoya, el año 1817, un Méndez de Vigo, en el puerto de la Coruña metió a 57 presos políticos liberales en un quechemarín (barco de la armada), los llevaron a alta mar, los pasaron a cuchillo y los tiraron por la borda. Dos cientos años después, un Méndez de Vigo era un ministro del gobierno que tuvieron que salir de él por ladrones., otro viste de militar con muchas estrellas y otra Méndez de Vigo goza de un extraordinario sueldazo en un organismo del Estado. No me equivocaré mucho si digo que los antepasados de los modernos de ahora ya fueran modernos cuando anduvo Napoleón por estas tierras.
Para ser un país moderno sería conveniente que tuviéramos un estandarte que nos unificara a todos, una nueva bandera. Para componerla habría que sustituir el escudo actual por otro en el que en el centro hubiera una señorita en bikini para reafirmarnos como potencia mundial de sol y playa. Las actuales columnas de Hércules del escudo las sustituiríamos por un jamón a un lado (no hay español, ni extranjero que nos visite que no le guste el jamón) y en el otro un chorizo, no en balde hay una frase que dice que no hay pan para tanto chorizo, los catalanes lo identificarían con su butifarra, los del Norte lo llamarían chistorra, en Salamanca farinato, en otros lugares longaniza. Se identificarían en él perfectamente curas, gitanos y sindicatos patronales por ser el choriceo la actividad con más raigambre practicada por estas tierras a lo largo de los siglos. Sobre los colores de la nueva bandera no se me ocurre ninguna idea, eso lo dejo para ti, querida lectora, o lector, para que tu sesera aporte algo a la nueva identidad de la genuina patria ibérica. Creo que la nueva enseña representaría lo más profundo del ser de los cuarenta y nueve millones de granujas que poblamos ésta balsa de piedra como le denominó el excelso premio Nobel portugués D. José Saramago.
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