Historia de España.
Historia de España.
A la narración de los avatares y vivencias que protagonizaron los que poblaron estos páramos y barrancas antes que yo se llama historia. Con lo poco que he leído de ella voy a tirar unos renglones con las conclusiones que he sacado de mis lecturas.
Las imágenes de los protagonistas, reyes, generales y curas están en las paredes de los museos, iglesias y palacios;
Esta es la versión más corta que de la dilatada historia de España hacerse pueda. Las principales hazañas de los que antes vivieron por estos páramos fueron las guerras, las misas y la caza. Lo que protagoniza la historia es la ambición de una clase social compuesta por unos individuos dueños de las armas con las que imponían sus mentiras sobre dioses terribles, vengativos y falsos para asustar y atemorizar a la gente y conseguir riquezas y poder.
Los hechos que protagonizaron, los caminos que anduvieron, las hazañas y cobardías que protagonizaron es nuestra historia; en ella se reflejan nuestras conquistas y nuestras derrotas. Hemos estado siglos en guerras, nuestras victorias fueron gloriosas y nuestras derrotas humillantes. Conquistamos imperios espada en mano para mayor gloria de un Dios desconocido y en nombre de ese mismo Dios los perdimos. A los analfabetos españoles los convirtieron en los soldados más valerosos que jamás ningún imperio tuvo para conquistar tanto oro como nunca ningún imperio acumuló y con él se consolidó el poder de un imperio esotérico con sede en Roma con la inestimable colaboración de monarquías idiotizadas por el esoterismo propagado por dicho imperio romano.
Dicen los estudiosos de la antropología, que el origen del hombre se sitúa en el continente africano y que a partir de allí se extendió sobre toda la tierra. Si nos ponemos frente al mapa del mundo con los pies en África, la mano izquierda agarrará Cádiz y la derecha el Japón. Esta zona de la pelota terráquea que anda dando vueltas por el cosmos era el fin del camino de todas las migraciones de lo que hoy conocemos como continentes africano y euroasiático. No sé si los que han estudiado sabrán que seres humanos serían los primeros que llegaron a estas tierras. Cuando iba a la escuela nos hablaban de los íberos, los vacceos, celtas, luego los cartagineses, fenicios, griegos, romanos, godos, visigodos, vándalos, (¿antecesores de los bandidos?) alanos, árabes, curas y gitanos. Todos estos pueblos o tribus dejaron sus huellas, su cultura, su burricie y su mala leche. Los romanos nos dejaron su idioma y sus leyes, debieron ser buenos legisladores porque veintidós siglos después aún se estudia el derecho romano, nos dejaron importantes obras y caminos y sobre todo su idioma que es la base de nuestra lengua actual.
El resultado de tantas mezclas de culturas es que los romanos nos enseñaron a hablar, a legislar, los árabes los números y la agricultura, los curas a rezar y a obedecer y los gitanos la picaresca y a robar, todos dejaron su impronta. De todas las culturas recibidas las que con más ahínco hemos practicado es la de rezar, a lo que nos enseñaron los curas y a robar que es lo que han logrado implantar los gitanos, no es que antes de que llegaran los gitanos no se robara, es que el robo se ha convertido en folclore, en “curtura” y norma de gobierno. Somos tan fanáticos como los árabes, pero no tan buenos trabajadores como los moriscos, ni tan buenos comerciantes como los fenicios, ni tan cultos como los griegos, ni tan buenos legisladores como los romanos; también debemos de tener alguna herencia cultural de los vándalos por la cantidad de bandidos que tenemos.
Con esta mochila cultural repleta de burricie y maldad, hemos andado por la historia espada en mano, cambiando oro por escapularios, el oro para los curas, la plata para los guerreros y la chatarra para los gitanos; para el pueblo nada, sangre, sudor, miseria, analfabetismo y lágrimas. Excepción fueron los pasajes de nuestra historia en los que los españoles tuviéramos un proyecto político, económico o cultural común para proyectar y consolidar en el mundo un poder, como si lo han tenido otras culturas.
Siempre tuvimos entre nosotros suficientes canallas que pusieron por delante sus intereses de casta o de secta a los intereses de la mayoría de los españoles.
De las huellas que los romanos dejaron por aquí aún quedan los acueductos de Segovia y Tarragona, las ruinas mineras de las médulas, la vía de la Plata, teatros en Mérida y Tarragona y otras muchas obras sobre la tierra o sobre la cultura y las tradiciones. En mi tierra se celebra en Fariza una romería el primer domingo del mes de junio de cada año en la que desfilan los pendones blancos de ocho pueblos de la zona que según la leyenda representan las ocho victorias que obtuvieron las huestes de Viriato, un pastor de la Lusitania de la época, contra los ejércitos romanos. Como por entonces ya teníamos la mala leche que hemos exhibido a lo largo del tiempo, a éste Viriato lo traicionaron tres de sus capitanes, Ditalco, Audax y Minuro (los Tamayos o Errejones de la época) y le dieron matarile pensando que los romanos le iban a pagar lo convenido. Cuando fueron a cobrar le dijeron que “Roma no pagaba a traidores.”
Al final de la época de los romanos llegó también la ideología de los de los cristos, esos son los que con más solidez se instalaron porque aquí siguen y a medida que pasa el tiempo más poder y más riqueza poseen.
Con cortesanas, vino y placeres varios, los romanos se hicieron unos flojos y llegaron otros más brutos del Norte de Europa que en la escuela nos decían que eran los “bárbaros del Norte” y echaron a los romanos. Estos también hicieron sus leyes y estuvieron por aquí desde el año 409 hasta el 711, año en que llegaron unas tribus aguerridas y fanatizadas por un dios nuevo procedentes del Oriente del Mediterráneo y de los desiertos de Arabia, llegaron por el Sur diciendo como disculpa para entrar, que venían a ayudar a los partidarios de un rey destronado, Witiza. A este tal Witiza se lo debían de haber cargado sus amigos o familiares, pudiera ser que colaborando unos con otros, para poder mandar ellos. Cruzar el mar que nos separa de África lo tuvieron igual de fácil que ahora los de las pateras, no solo por su estrechez, sino porque la derechona de entonces ya tenía el espíritu canalla que tiene ahora. Un fulano llamado el Conde don Julián colaboró con los invasores y un obispo, un tal Don Opas, negoció con los visitantes que si le dejaban en paz el negocio de los cristos, él tampoco se metía con ellos y les dejaba hacer. Como se puede ver, la salsa traidora y canalla de la derecha viene de antiguo. El rey de por aquí, un tal Rodrigo, andaba por aquel entonces peleando contra los de Herri Batasuna de la época por el Norte de la finca, cuando se enteró que por el Sur habían entrado unos ocupas con turbante, él y sus huestes recogieron los bártulos y marcharon a echarlos. Cuando llegaron, cansados de tan largo viaje, a los nuevos inquilinos no les costó mucho trabajo darles caña en condiciones en una batalla en las inmediaciones del rio Guadalete. Los del turbante se adueñaron del cortijo y en menos de dos años llegaron al mar del Norte y se quedaron con toda la finca. A la derechona de aquí se le acabó el chollo de explotar a los paisanos; a los de los Cristos no se los cargaron, pero como los que mandaban ahora dedicaban las oraciones a otro dios nuevo, el cepillo de los de los Cristos se quedó vacío, el que se llenaba era el de un el Dios nuevo, un tal Alá.
Un tipo con cargo de Arcángel llamado Gabriel, le encargó a una tal María, esposa de un carpintero llamado José que tuviera un niño al que llamaría Jesús. El mismo Gabriel, seiscientos años después le dictó a un tal Mahoma un código penal titulado “El Corán”. Este libro prometía a los que entregaran el pellejo en defensa de aquellas tonterías que irían al paraíso, donde serían recibidos por unas tías en pelotas (huríes) entre arroyos de leche y miel. (Este historiador de pacotilla duda si la especie más numerosa de la naturaleza será la de los insectos o la de los gilipollas). En busca de las huríes los moros de entonces recorrieron desde los desiertos de Arabia el sur de Europa, el norte de África hasta Marruecos y no pararon hasta Asturias. Las huestes de un Rey, un tal Pelayo, no podían seguir corriendo porque había mucha agua no les quedó más remedio que liarse a mamporros contra los del turbante, si no hubiera sido por el mar no hubieran parado de correr hasta Rusia,
. Los “ferrerus” de aquella época que trabajaban los “fierrus” de aquellas montañas les hicieron material de guerra, les herraron los caballos y el rey Pelayo junto a una que estaba virgen llamada Covadonga, se pusieron a repartir estera con los de su partido con tanta saña y con tanto ahínco que fueron rescatando cachos de la finca a lo que llamaron Reconquista y se fueron quedando con ella, los de las espadas para cazar y los del Cristo para construir iglesias, palacios, ermitas, catedrales y casas de putas.
No dice la historia si la Covadonga luchó con espada y yelmo o en bikini. Los moros asustados y confusos porque traían en la sesera lo de las huríes y los arroyos de leche y miel, resultó que la Covadonga no era una hurí, sino una moza que cada espadazo que repartía cabeza de moro al suelo como si fuera la sobrina de Viriato.
Las guerras continuaron y fueron recuperando grandes extensiones del terreno. En cada pueblo, si tenía habitantes suficientes instalaban una comunidad de parásitos con sotana o hábito que vivían a cuenta del trabajo de la gente del pueblo y si el pueblo era aún más grande, entonces ponían una casa al lado con las novias de los frailes y le decían a los paisanos que era un convento y se llamaban monjas. Para el pueblo nada, guerras, miseria y esclavitud, los pobres no eran dueños ni de su cuerpo ni de la fuerza del mismo. El destino de los pobres era servir con el trabajo y la vida a monarcas, nobles y clérigos; los de la sotana se adueñaban del terreno productivo y el pueblo tenía que trabajar para ellos o para el guerrero, pues las tierras como he dicho antes eran de los de la espada o de los de los Cristos. Si los pobres se negaban a trabajar o a ir a la guerra los de las espadas le cortaban la cabeza y los de los cristos les decían que iban a ir al infierno o se lo traían aquí prendiendo unos haces de leña y poniendo al fulano encima de las llamas para que los que vieran el suplicio se convencieran que el infierno existía de verdad, o ponían a Margarita sobre las llamas acusándola de bruja, cuando la realidad solía ser que no se había dejado cepillar por el fraile, o ponían en la lumbre a Custodio por no querer trabajar para el obispo ni ir a la guerra del Rey.
Conquistaron grandes extensiones de terreno y fundaron nuevos reinos. Esto se convirtió en un problema nuevo, al haber varios que mandaban, como buenos españoles en lugar de dedicarse en exclusiva en echar a los moros y construir un país, cada uno se dedicaba a conquistar su finca, unas veces al moro y otras a su paisano o a su mismo hermano o padre peleándose entre ellos.
Como el trabajo laborioso y productivo nunca ha sido ocupación de la derechona (no en vano había un antiguo dicho que decía que “el trabajo mecánico no era propio de hidalgos”) los terrenos conquistados los ocupaban con ovejas, que es lo que menos trabajo daba, el cultivo de la tierra era más laborioso y había que fabricar arados, molinos y diversos aperos para labrarla, el hacer algo de provecho nunca ha sido labor de la burguesía española, lo suyo ha sido la guerra, la caza y la misa.
La elaboración de la lana requiere un proceso industrial que la derechona española estaba en la misma posición que ahora; es decir, incapaz de llevarlo a cabo por falta de laboriosidad, ingenio e incapaz de crear nada. La lana de las ovejas la vendían en el mercado de Medina del Campo a los industriales la llevaban a elaborar los mismos que ahora nos fabrican los coches y toda clase de artilugios modernos, es decir, franceses, ingleses, italianos y los de los países bajos, (entonces Flandes), ahora Bélgica y Holanda.
Al final nuestros guerreros recuperaron hasta el último huerto de la finca en Granada en el año 1492, 781 años después de que llegaran los primeros moros se marcharon los últimos.
Como podemos ver nuestros guerreros se lo tomaron con calma.
Ese mismo año descubrieron otro chollo; un marinero genovés, (Cristóbal Colón) cuando navegaba hacia la India, un desconocido continente se interpuso en su navegar y sin darse cuenta descubrió un nuevo mundo.
El viaje lo pagaba la monarquía española, los mismos que estuvieron haciendo negocio contra los moros durante más de setecientos años, ahora lo hicieron esclavizando a los nativos del nuevo territorio, quitándoles sus riquezas para decorar los altares y castillos que construyeron cuando reconquistaron el terreno a los invasores con turbante.
Las riquezas del nuevo mundo no sirvieron para que las gentes de aquí ni de allí vivieran mejor, sino para enriquecerse la derechona y consolidar la ideología del imperio vaticano, lo que llamamos religión, ambos sectores sociales siguieron de parásitos y de inútiles como en siglos pasados. Puede servir de anécdota el hecho que el primer barco de oro destinado al Rey que mandó para España el descubridor de las nuevas tierras, se lo quedó el obispo de Burgos, un tal Fonseca. Hoy aquel oro sirve de decorado en la iglesia de Santa María Maggiore en Roma donde han llevado al Papa Franciscus, junto a otras 60.300 toneladas de aquel oro que hoy posee en sus reservas el imperio vaticano.
Los conquistadores del Nuevo Mundo extrajeron con ahínco todas sus riquezas minerales, pero a la nación no le sirvió de nada. El oro que no nos quitaban los piratas ingleses, franceses, holandeses o todo el que podía por el camino, se lo llevaban los banqueros genoveses para financiar las guerras donde nos gastamos lo que teníamos y lo que no teníamos en batallas inútiles para defender la santa fe de Cristo, pero ni un maravedí en el bienestar del pueblo. A los nativos de los nuevos territorios los pusieron a rezar a cristazo limpio.
Si en aquel siglo los de la cruz y la espada no abandonaron su ambición, los de la pluma alcanzaron gloria eterna. Entre nosotros también hubo personas creativas e inteligentes, principalmente en el terreno de las artes y las letras. Literatos, pintores y poetas hicieron méritos para que uno de aquellos siglos lo conozcamos en la historia como “Siglo de Oro” de las letras españolas; Cervantes, Lope de Vega, Quevedo o Calderón de la Barca pusieron a las letras españolas en la cima de la literatura de todos los tiempos. Para relatar nuestras glorias necesitamos menos papel que para describir nuestras miserias, estos escritores en algunas de sus obras dejaron constancia de la España de aquel tiempo.
Velázquez, Murillo, Zurbarán o el Greco en la pintura, dejaron obras imperecederas para la historia del arte universal.
Durante casi dos siglos tuvimos reyes de una dinastía extranjera, la de los Austrias. Al principio de esta dinastía el imperio español alcanzó la cima de su poder y dominio. Hubo una frase que definía la magnitud de nuestras conquistas que decía que “en el imperio español no se ponía el sol”. Con la muerte del segundo rey de esta monarquía, un tal Felipe II que nació en Valladolid en el palacio que ahora es la diputación, se inició el declive de tan vasto imperio que no pararía hasta que lo perdimos todo tres siglos más tarde.
.De la cantidad de gilipolleces que hemos cometido a lo largo de nuestra historia hay que resaltar que primero los Reyes Católicos cuando conquistaron Granada expulsaron a los judíos, que eran los capitalistas y luego el Austria Felipe III expulso a los moriscos que eran los que trabajaban y nos quedamos con los curas para rezar y entontecernos y con los gitanos para robar y asaltar caminos. Se confundieron, si hubieran expulsado a los curas y a los gitanos y hubiéramos dejado a los judíos y a los moros nos hubiera ido mejor.
Estos Austrias degeneraron en la incapacidad física y moral por la endogamia y por la idiotez que les metían en la sesera los brujos de la secta vaticana y el último Carlos II no quedó descendencia, tuvimos que importar otra dinastía de monarcas de Francia.
Los monarcas franceses cuando tomaron posesión de su negocio el primer año del siglo XVIII se encontraron con un paisanaje en la miseria más absoluta, analfabeto y entontecido por los curas hasta la idiotez durante los diez y siete siglos anteriores e intentaron des embrutecer al “ganao,” La burricie tenía raigambre, siempre fue muy apreciada por estos lares y además, para desgarrrularse había que comprar libros y leer; escuchar al cura requería menos esfuerzo, si nos decía que la auténtica verdad era la que él decía desde el púlpito porque se la había dicho Dios, pues no iban a saber más que Dios unos franceses con nombres raros como Montesquieu, Rousseau o Voltaire. Para que molestarse escachándose la sesera leyendo lo que ponían los libros si la verdad la decía el cura en el púlpito de la iglesia todos los domingos. Los ocupantes ensotanados del imperio vaticano llevaban quince siglos idiotizando las seseras del paisanaje; que viniera ahora un francés diciendo que leyeran libros para adquirir conocimientos era una provocación.
España sigue infectada de picaresca, desde el rey hasta el último quinquillero como en todos los siglos de su historia.
El cura no les engañaba gratis, por llenarle la sesera de mentiras con el sermón de los domingos, le tenían que entregar el diezmo de sus cosechas porque así lo había dispuesto el Dios de la Biblia para los compañeros de parranda de un tal Leví.
El intento de los nuevos monarcas franceses de desasnar a la recua tuvo poco éxito. Yo creo que la solución hubiera sido haber echado del imperio a toda garrapata con sotana sin que quedara ni uno.
Pudiera haber sucedido que los monarcas nuevos llegaran a la conclusión que si el personal estaba conforme y feliz siendo analfabeto y muerto de hambre para que cambiarle; pues a vivir todos del cuento, monarcas y comunistas vaticanos. La burricie siempre ha tenido mucho arraigo por estos páramos y barrancas ibéricas; si durante veinte siglos nos han dicho que la verdad la dice un tipo disfrazado con ropajes de oro desde el púlpito los domingos por la mañana, no nos debe de extrañar que los ideólogos del imperio vaticano consideraran a los libros un peligro para sus intereses.
Pasado el tiempo, nuestros vecinos franceses hacían la revolución política cortándoles el pescuezo a los familiares de nuestros monarcas, daban forma y contenido a la democracia y declararon por primera vez en la historia lo que hoy conocemos como derechos del hombre. Pocos años después de su revolución, vinieron y ocuparon la finca, pero como los dueños del cotarro se dieron cuenta que la democracia que quizá hubieran instalado los nuevos ocupantes, siguiendo los principios de su revolución ponía en peligro sus bicocas, ayudados por los más fanáticos, (cosa de la que por aquí nunca andamos escasos) acabaron echando a los franceses a porrazo limpio y el que no tenía un fusil a mano atacaba con la faca o el tenedor al franchute que tuviera al lado.
Cuando vinieron los franceses con su recién estrenada revolución y su modernidad en las ideas, los pocos que estaban más ilustrados se pusieron del lado de los franceses por ver si se nos pegaba algo y se desasnaba un poco el rebaño, pero no fue posible, otra vez el fanatismo y la burricie ganaron la partida.
En el continente descubierto, pasados los años de la conquista, los más aventureros de por aquí se asentaron definitivamente en las nuevas tierras, se declararon independientes y formaron nuevas naciones, pero con el estilo de gobierno de aquí. Los nuevos países heredaron de la metrópoli a unas élites parásitas y corruptas que las convirtieron en sus fincas particulares con la colaboración inestimable de los del negocio de los cristos de palo y vírgenes de madera.
Por aquellos tiempos, los ingleses ponían las bases del capitalismo que ahora gobierna el mundo, inventaron la máquina de vapor, el motor de explosión o los ferrocarriles.
Por éstos lares, el clero vasco-navarro de entonces, (que serían como los de BILDU y el PNV de ahora); las partidas catalanas de los antepasados del PDCAT y de ERC, unidos a los que entonces se llamaban tradicionalistas y ahora se llaman VOX, o PP, hacían guerras contra los liberales de entonces que ahora serían el PSOE o el Unidos Podemos, peleando por sus respectivas parcelas unos y sus privilegios otros. Como puedes ver querida lectora o lector poco hemos cambiado.
Pacientes y desocupados lectores, os sugiero que leáis algo de la historia de España en el siglo XIX, os ayudará a comprender algo lo que tenemos hoy
A la derechona se le había acabado el chollo de las colonias de ultramar, pero había descubierto un gran invento, que era enriquecerse a cuenta del estado construyendo los ferrocarriles e importando las locomotoras del tren y todas las máquinas y modernidades que los europeos inventaban. La derechona de aquí seguía igual de inútil que cuando vendía la lana a los europeos en el mercado de Medina del Campo tres siglos antes.
Como los extranjeros habían inventado la electricidad, los trenes y los coches, los de aquí se enriquecieron construyendo ferrocarriles para los trenes, carreteras para los coches y pantanos para las bombillas, pero siguieron sin inventar nada.
Durante todos los siglos tuvimos mandamases coronados, cazadores, borrachos, puteros, fanáticos, idiotas, reinas a la vez que putas santas, pero una cosa tuvieron en común, todos y todas se dejaron dominar por la secta del vaticano hasta la idiotez; mientras tanto el pueblo en la miseria, el analfabetismo y la penuria arando las tierras del obispo o del marqués con el arado romano.
El siglo XIX lo empezamos guerreando contra los franceses y lo acabamos guerreando en las últimas colonias de nuestro viejo imperio para acabar perdiéndolas y entrando deprimidos en el nuevo siglo. A la burguesía, tan zafia, cobarde e inútil como siglos anteriores, no se le ocurrió ponerse a la altura de la burguesía europea, industrializar España y ponernos en el camino del progreso tecnológico como los países que marcaban el rumbo de los tiempos que nacían con el nuevo siglo.
En la cuarta década del siglo XX la mayoría de los españoles decidió prescindir de reyes, instaurar un gobierno del pueblo y encaminar a España por los caminos de la democracia y la libertad; pero el sector más zafio, analfabeto y brutal echó mano otra vez a los fanáticos del sueldo de la patria y hundieron a España en el oscurantismo, la miseria, la represión, el miedo y la muerte durante otras cuatro largas décadas.
Las revoluciones y las guerras siempre fueron y son de los pobres contra los ricos y las perdían y las pierden siempre los pobres; los ricos contratan a los pobres para que sean ellos los que mueran en las batallas por una causa que nunca es suya. Fusil en mano en las guerras solo andan los pobres, los ricos no van al frente de batalla, están organizando la guerra y recogiendo sus beneficios o invirtiendo en ella para recoger las ganancias cuando la ganen. Los ricos del bando perdedor después se asocian con los del bando ganador y así ganan todos menos los pobres de ambos bandos.
En España siempre gobernaron los del dinero para protegerse ellos mismos y si alguna vez la gente intentó revelarse no dudaron en preparar una guerra para defender sus privilegios. En la última guerra que hicieron en España los ricos contra los pobres, la ganaron otra vez los ricos y conquistaron todos los cargos del estado y ocuparon todos los recovecos de la administración pública, ahora están muy enfadados porque las generaciones más jóvenes se organizan en partidos nuevos para legitimarse políticamente y poder tener acceso a los huecos que dejen desocupados los viejos ocupantes. La política de aquí se puede describir en círculos concéntricos.
En el círculo central estaría una parte del bando que accede a los puestos políticos y los cargazos de traje y corbata, que en España es el uniforme oficial de los delincuentes de alto rango y de los que ganan elecciones.
En el segundo círculo quedan los que ayudaron a entrar a los primeros pagando campañas electorales y poniendo sus empresas de propaganda al servicio de la causa que fue lo que les ayudó a entrar y ahora cuando los primeros ya están dentro los que quedan en el segundo esperan impacientes su botín. En este segundo círculo podemos situar a los oligopolios y demás concesionarias del IBEX 35.
En el tercer círculo se situarían toda una bandada de pistoleros, contratistas y subcontratistas de primero, segundo o tercer nivel que son los que llevan a efecto el envenenamiento de las relaciones laborales. Todos estos círculos de serpientes son la picaresca y la corrupción, desde el rey emérito hasta el último pelagatos en España el que no ejerce de pícaro es porque no puede.
En España, POLÍTICA no hay, el partido que gana las elecciones cae como una nueva plaga sobre los cargos de la administración para disfrutar de las prebendas que ello conlleva. No hay nada nuevo; Don Benito Pérez Galdós en sus Episodios Nacionales ya nos relata que cuando accedían al poder los de Cánovas, los de Sagasta se convertían en cesantes y cuando accedían al poder los de Sagasta los cesados eran los de Cánovas, por eso España siempre estaba llena de cesantes de uno u otro bando. Ahora pasa algo parecido pero sin que haya cesantes, han creado acomodos para todos, cuando no están en el gobierno se adhieren a algún Consejo de Estado, un Tribunal de Cuentas, un parlamento europeo, cualquier monopolio privatizado o un refugio en alguno de los reinos taifas o autonomías que han creado precisamente para eso.
Cuando la derechona ganó la guerra ocuparon los cargos y todos los puestos que el Estado podía proporcionar; al falangista miserable le ponían de taxista para que hiciera de chivato de la policía y así hasta el Palacio del Pardo donde ostentaba los máximos galardones un general ferrolano. Cuando murió este general los ocupantes de la administración ya tenían hijos en edad de colocarse en un cargo y como los padres aún no habían abandonado el suyo en muchos casos y en otros cada uno tenía varios hijos, en España los puestos a las tetas de la Patria se heredan. Con el invento de las autonomías crearon diez y siete mini estados, reinos Taifas o cacicatos nuevos para que sus cachorros puedan disfrutar de las tetas de su amada patria, una madre con infinidad de tetas repartidas por toda la geografía ibérica con sus correspondientes razas, etnias, tendencias, alternativas, sensibilidades y palacios episcopales.
Cuando acabó la última guerra el general ferrolano que estaba al mando de las tropas vencedoras se puso de capataz en la finca para que la derechona, que ya llevaba robando siglos, pudiera seguir haciéndolo sin que nadie se lo recriminara ni se lo impidiera. Cuarenta años estuvo el ferrolano de capataz dictando los quehaceres de la finca al gusto de la consolidada holgazanería de la patria, consolidándoles los cargos que algunos ya disfrutaban desde las monarquías de los pasados siglos. Los que no estaban de acuerdo que el método de gobierno en España fuera el robo y la estafa perdieron la guerra, a unos los fusilaron, a otros los metieron en la cárcel, a algunos les dio tiempo y se escaparon al exilio. El general ferrolano que presidía los negocios de la clase parásita triunfadora murió de viejo en la cama el 20 de noviembre de 1975; hubo largas colas ante su maltrecho y pequeño cadáver y al día siguiente todos sus beneficiados y seguidores eran demócratas de toda la vida.
Aquí empezó el periodo de nuestra historia que denominamos como, La Transición, que significa que transitamos de una dictadura a una democracia. Los que no transitaron fueron los dueños de los fajines y de las estrellas, el imperio vaticano al completo con sus negocios incluidos, tampoco transitó la magistratura que está ocupada mayoritariamente por una secta secreta del imperio vaticano. Los de las togas con sus puñetas poseen la parcela de la justicia.
El botín de las ubres de la patria es hereditario, tricornios y demás uniformes disfrutan de ellos generación tras generación los vencedores de pasadas guerras. Los franquistas no transitó ni uno, todos quedaron con su cargazo y su jornalazo.
Los que se hicieron millonarios con el trabajo de los españoles presos por los franquistas siguen haciéndose millonarios haciendo de jardineros y barrenderos de la democracia. Los obreros tampoco hemos transitado casi nada, los carnets del paro, los contratos basura, los sueldos de miseria, la pobreza, la precariedad y la incertidumbre siguen siendo en exclusiva de esos 32.000.000 de españoles que componemos la CLASE OBREA.
A los dos años de morir el general capataz del Ferrol fuimos todos a votar y ganaron las elecciones los del partido de los herederos del ferrolano general muerto.
Hubo años de prosperidad y los españoles entramos en el consumismo más disparatado con entusiasmo y comprábamos todos los artilugios que inventaban los extranjeros, incluso ponían sus fábricas aquí y nos daban trabajo, nos hicimos europeos y construimos nosotros solos más casas que entre los más importantes países de Europa; pero como los sueldos eran miserables y precarios, lo único que era europeo eran los precios de los pisos, llegó un momento que la gente no pudo pagar sus casas, cuando nos dimos cuenta teníamos millón y medio de pisos sin vender, otros tantos sin poder pagar y todos los que antes hacían pisos (porque no aprendimos a hacer otra cosa) pasaron al paro.
España sigue sin industrializar, como en el siglo XV cuando la lana, o en el XIX cuando la primera revolución industrial. La derechona para seguir enriqueciéndose continúa ordeñando la misma teta que siglos pasados; ahora es a cuenta de los impuestos que casi todos los ciudadanos aportamos para la sanidad, la educación, las pensiones y los derechos que nos dijeron que tendríamos cuando acabara la dictadura y nos instaláramos en este tinglado que llaman democracia.
El hambre, la miseria, la incertidumbre ante el futuro y el miedo, vuelven a ser protagonistas de la vida del pueblo como en todos los siglos pasados. Los que se dedican a escribir en los papeles los acontecimientos que pasan en este terreno, los historiadores, deberían escribir un capítulo para la historia y el siguiente para la corrupción. Es tan común la corrupción a la Historia de España, como las garrapatas a los perros.
¿Pondremos remedio a esto los españ
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