Literatura. Entretenimiento de un ocioso.

Literatura. Entretenimiento de un ocioso. 0 Para un jubilado, mirar es un entretenimiento descansado que se puede hacer de muchas maneras, menos dormido o a oscuras. Se puede hacer sentado en cualquier sitio y observar el cielo, tarea apasionante esté solo azul, o lo adornen las nubes que le den su aspecto y contenido natural. Uno de los muchos días que dedico a observar el mundo, lo hacía en una plaza muy concurrida del centro de la ciudad. Se sentaron a mi lado un hombre y una mujer que no se si serían matrimonio pero pareja sí, porque eran dos y en España, de momento y hasta que no surja un movimiento socio-gilipollas que diga que las parejas son de tres, dos son una pareja, sea de guardia civiles, de sandias o de tetas. Después de las primeras palabras sobre el buen tiempo que hacía, comentamos que sería bueno que lloviera, aunque no tenía aspecto porque no se veía ni una nube, el cielo era todo azul y yo le dije a la señora si creía que el cielo era azul, me miró sorprendida como si en aquel momento creyera que había tenido la mala suerte de sentarse al lado de un loco y me contestó ¡pues claro que es azul! En aquel momento pasaba un avión y le dije; mire aquel avión vuela a doce mil metros de altura y vemos que el azul está detrás, lo que quiere decir que del avión para acá el cielo no es azul, o no hay cielo. A pesar de ser de día, hacia el cielo de Puente Duero se veía la luna y le dije a la señora, mire, ¿ve usted la luna? Pues está a 385.000 Kilómetros de distancia y el azul sigue estando detrás, por consiguiente si el cielo es azul lo será de la luna para allá, si la capa azul estuviera de la luna para acá no la veríamos. Por la noche vemos las estrellas y están algunas a años luz de distancia ¿sabe usted cual es la velocidad de la luz? Pues imagínese usted que el AVE corre a 300 K/h y la luz corre a 300.000 K/” y a pesar de correr tanto, la luz de algunas estrellas tarda años en llegar a la tierra y el azul sigue estando detrás. La señora me dijo que yo sabía mucho y le dije que a mí siempre me habían pagado por lo que sabía, que si me hubieran pagado por lo que no sabía no hubieran tenido ni la Renault ni el gobierno dinero bastante para pagarme. Como el nivel cultural de la pareja se encuadraba perfectamente para conducir la charla hacia la conversación jocosa comenté que hay cosas que se y otras que no sé, entre las que se, está decir el rosario en castellano y en latín, que yo he leído la biblia, los evangelios y el catecismo del Padre Astete, por eso soy ateo convencido; la mujer me dijo que ellos eran católicos y que los domingos iban a misa, le dije que eso estaba muy bien, le pregunté a la iglesia que iban y me dijo que a la de San Antonio, le pregunté que si sabía cómo se llamaba San Antonio de Padua y me dijo que como se iba a llamar pues San Antonio y le dije que no, que san Antonio se llamaba Francisco Martims de Acebedo y que no era de Padua, sino de Lisboa y que si pensaba volver el domingo a misa, fuera con una bolsa de tomates para tirárselos al cura por no haberle explicado los avatares del tal Paco para la familia y Antonio para los que creen en las bobadas del imperio vaticano. Di por terminada la charla e inicié el camino de regreso hacia los garbanzos. Cuando pasaba por la Calle Ferrari, una señorita empleada en un establecimiento de perfumería ofrecía a los viandantes una muestra de perfumes depositando una gota en el dorso de la mano. Le agradecí su oferta pero le dije que en lo tocante a perfumes tengo mi propio criterio, me guio por las reflexiones de Don Francisco de Quevedo y Villegas, que en aquel siglo que le tocó vivir que llamaron de oro, dijo que una de las causas y no de las menores por lo que en España las cuentas del tesoro siempre marcaran la ruina, era que nos gastábamos en importar de Francia perfumes, afeites y otras extravagancias para dar resalte a la frivolidad femenina. Le dije a la señorita que mis gustos aromáticos y estéticos son los propios de un español, muy español como diría Rajoy. Me gusta el olor a ajo, que es un condimento imprescindible en la elaboración del buen chorizo, por eso en España la citada vianda la tenemos hasta en los ministerios, presidencias de todo organismo, diputados de todos los parlamentos, alcaldías, concejalías y demás recovecos de la patria. Le dije que cuando en alguna ocasión el protocolo social exige asistir a algún evento con los trapos recién planchados, tengo la costumbre de meter unos ajos por los bolsos para oler a español. En lugar de adornar el bolsillo superior de la chaqueta con un pañuelo de seda como un chulapo de Madrid, pongo en su lugar una loncha de jamón, que es la envidia del mundo culinariamente civilizado y además, uno de los grandes inventos que la especie humana ha creado para disfrute y regocijo de mandíbulas y tragaderas ociosas. Le conté a la perfumista la historia cuando los peregrinos españoles y los que venían de los países de allende los Pirineos compartían camino hacia Santiago de Compostela para redimir sus pecados. A la vez que confraternizaban compartiendo sus viandas. Los franceses, a nuestro hasta entonces pernil del cerdo lo llamaban “yamón,” los españoles adoptaron tal palabra castellanizándola con nuestra J y así es conocido desde entonces, como “jamón,” admirado y degustado en el resto del mundo civilizado. No hay ningún método mejor para españolizar algo que una jota y un jamón. Me dijo la perfumista que como sabía tanto, le dije que por que soy viejo y la sabiduría me persigue, pero yo corro más. Literatura. Entretenimiento de un ocioso. 0 Para un jubilado, mirar es un entretenimiento descansado que se puede hacer de muchas maneras, menos dormido o a oscuras. Se puede hacer sentado en cualquier sitio y observar el cielo, tarea apasionante esté solo azul, o lo adornen las nubes que le den su aspecto y contenido natural. Uno de los muchos días que dedico a observar el mundo, lo hacía en una plaza muy concurrida del centro de la ciudad. Se sentaron a mi lado un hombre y una mujer que no se si serían matrimonio pero pareja sí, porque eran dos y en España, de momento y hasta que no surja un movimiento socio-gilipollas que diga que las parejas son de tres, dos son una pareja, sea de guardia civiles, de sandias o de tetas. Después de las primeras palabras sobre el buen tiempo que hacía, comentamos que sería bueno que lloviera, aunque no tenía aspecto porque no se veía ni una nube, el cielo era todo azul y yo le dije a la señora si creía que el cielo era azul, me miró sorprendida como si en aquel momento creyera que había tenido la mala suerte de sentarse al lado de un loco y me contestó ¡pues claro que es azul! En aquel momento pasaba un avión y le dije; mire aquel avión vuela a doce mil metros de altura y vemos que el azul está detrás, lo que quiere decir que del avión para acá el cielo no es azul, o no hay cielo. A pesar de ser de día, hacia el cielo de Puente Duero se veía la luna y le dije a la señora, mire, ¿ve usted la luna? Pues está a 385.000 Kilómetros de distancia y el azul sigue estando detrás, por consiguiente si el cielo es azul lo será de la luna para allá, si la capa azul estuviera de la luna para acá no la veríamos. Por la noche vemos las estrellas y están algunas a años luz de distancia ¿sabe usted cual es la velocidad de la luz? Pues imagínese usted que el AVE corre a 300 K/h y la luz corre a 300.000 K/” y a pesar de correr tanto, la luz de algunas estrellas tarda años en llegar a la tierra y el azul sigue estando detrás. La señora me dijo que yo sabía mucho y le dije que a mí siempre me habían pagado por lo que sabía, que si me hubieran pagado por lo que no sabía no hubieran tenido ni la Renault ni el gobierno dinero bastante para pagarme. Como el nivel cultural de la pareja se encuadraba perfectamente para conducir la charla hacia la conversación jocosa comenté que hay cosas que se y otras que no sé, entre las que se, está decir el rosario en castellano y en latín, que yo he leído la biblia, los evangelios y el catecismo del Padre Astete, por eso soy ateo convencido; la mujer me dijo que ellos eran católicos y que los domingos iban a misa, le dije que eso estaba muy bien, le pregunté a la iglesia que iban y me dijo que a la de San Antonio, le pregunté que si sabía cómo se llamaba San Antonio de Padua y me dijo que como se iba a llamar pues San Antonio y le dije que no, que san Antonio se llamaba Francisco Martims de Acebedo y que no era de Padua, sino de Lisboa y que si pensaba volver el domingo a misa, fuera con una bolsa de tomates para tirárselos al cura por no haberle explicado los avatares del tal Paco para la familia y Antonio para los que creen en las bobadas del imperio vaticano. Di por terminada la charla e inicié el camino de regreso hacia los garbanzos. Cuando pasaba por la Calle Ferrari, una señorita empleada en un establecimiento de perfumería ofrecía a los viandantes una muestra de perfumes depositando una gota en el dorso de la mano. Le agradecí su oferta pero le dije que en lo tocante a perfumes tengo mi propio criterio, me guio por las reflexiones de Don Francisco de Quevedo y Villegas, que en aquel siglo que le tocó vivir que llamaron de oro, dijo que una de las causas y no de las menores por lo que en España las cuentas del tesoro siempre marcaran la ruina, era que nos gastábamos en importar de Francia perfumes, afeites y otras extravagancias para dar resalte a la frivolidad femenina. Le dije a la señorita que mis gustos aromáticos y estéticos son los propios de un español, muy español como diría Rajoy. Me gusta el olor a ajo, que es un condimento imprescindible en la elaboración del buen chorizo, por eso en España la citada vianda la tenemos hasta en los ministerios, presidencias de todo organismo, diputados de todos los parlamentos, alcaldías, concejalías y demás recovecos de la patria. Le dije que cuando en alguna ocasión el protocolo social exige asistir a algún evento con los trapos recién planchados, tengo la costumbre de meter unos ajos por los bolsos para oler a español. En lugar de adornar el bolsillo superior de la chaqueta con un pañuelo de seda como un chulapo de Madrid, pongo en su lugar una loncha de jamón, que es la envidia del mundo culinariamente civilizado y además, uno de los grandes inventos que la especie humana ha creado para disfrute y regocijo de mandíbulas y tragaderas ociosas. Le conté a la perfumista la historia cuando los peregrinos españoles y los que venían de los países de allende los Pirineos compartían camino hacia Santiago de Compostela para redimir sus pecados. A la vez que confraternizaban compartiendo sus viandas. Los franceses, a nuestro hasta entonces pernil del cerdo lo llamaban “yamón,” los españoles adoptaron tal palabra castellanizándola con nuestra J y así es conocido desde entonces, como “jamón,” admirado y degustado en el resto del mundo civilizado. No hay ningún método mejor para españolizar algo que una jota y un jamón. Me dijo la perfumista que como sabía tanto, le dije que por que soy viejo y la sabiduría me persigue, pero yo corro más. Literatura. Entretenimiento de un ocioso. 0 Para un jubilado, mirar es un entretenimiento descansado que se puede hacer de muchas maneras, menos dormido o a oscuras. Se puede hacer sentado en cualquier sitio y observar el cielo, tarea apasionante esté solo azul, o lo adornen las nubes que le den su aspecto y contenido natural. Uno de los muchos días que dedico a observar el mundo, lo hacía en una plaza muy concurrida del centro de la ciudad. Se sentaron a mi lado un hombre y una mujer que no se si serían matrimonio pero pareja sí, porque eran dos y en España, de momento y hasta que no surja un movimiento socio-gilipollas que diga que las parejas son de tres, dos son una pareja, sea de guardia civiles, de sandias o de tetas. Después de las primeras palabras sobre el buen tiempo que hacía, comentamos que sería bueno que lloviera, aunque no tenía aspecto porque no se veía ni una nube, el cielo era todo azul y yo le dije a la señora si creía que el cielo era azul, me miró sorprendida como si en aquel momento creyera que había tenido la mala suerte de sentarse al lado de un loco y me contestó ¡pues claro que es azul! En aquel momento pasaba un avión y le dije; mire aquel avión vuela a doce mil metros de altura y vemos que el azul está detrás, lo que quiere decir que del avión para acá el cielo no es azul, o no hay cielo. A pesar de ser de día, hacia el cielo de Puente Duero se veía la luna y le dije a la señora, mire, ¿ve usted la luna? Pues está a 385.000 Kilómetros de distancia y el azul sigue estando detrás, por consiguiente si el cielo es azul lo será de la luna para allá, si la capa azul estuviera de la luna para acá no la veríamos. Por la noche vemos las estrellas y están algunas a años luz de distancia ¿sabe usted cual es la velocidad de la luz? Pues imagínese usted que el AVE corre a 300 K/h y la luz corre a 300.000 K/” y a pesar de correr tanto, la luz de algunas estrellas tarda años en llegar a la tierra y el azul sigue estando detrás. La señora me dijo que yo sabía mucho y le dije que a mí siempre me habían pagado por lo que sabía, que si me hubieran pagado por lo que no sabía no hubieran tenido ni la Renault ni el gobierno dinero bastante para pagarme. Como el nivel cultural de la pareja se encuadraba perfectamente para conducir la charla hacia la conversación jocosa comenté que hay cosas que se y otras que no sé, entre las que se, está decir el rosario en castellano y en latín, que yo he leído la biblia, los evangelios y el catecismo del Padre Astete, por eso soy ateo convencido; la mujer me dijo que ellos eran católicos y que los domingos iban a misa, le dije que eso estaba muy bien, le pregunté a la iglesia que iban y me dijo que a la de San Antonio, le pregunté que si sabía cómo se llamaba San Antonio de Padua y me dijo que como se iba a llamar pues San Antonio y le dije que no, que san Antonio se llamaba Francisco Martims de Acebedo y que no era de Padua, sino de Lisboa y que si pensaba volver el domingo a misa, fuera con una bolsa de tomates para tirárselos al cura por no haberle explicado los avatares del tal Paco para la familia y Antonio para los que creen en las bobadas del imperio vaticano. Di por terminada la charla e inicié el camino de regreso hacia los garbanzos. Cuando pasaba por la Calle Ferrari, una señorita empleada en un establecimiento de perfumería ofrecía a los viandantes una muestra de perfumes depositando una gota en el dorso de la mano. Le agradecí su oferta pero le dije que en lo tocante a perfumes tengo mi propio criterio, me guio por las reflexiones de Don Francisco de Quevedo y Villegas, que en aquel siglo que le tocó vivir que llamaron de oro, dijo que una de las causas y no de las menores por lo que en España las cuentas del tesoro siempre marcaran la ruina, era que nos gastábamos en importar de Francia perfumes, afeites y otras extravagancias para dar resalte a la frivolidad femenina. Le dije a la señorita que mis gustos aromáticos y estéticos son los propios de un español, muy español como diría Rajoy. Me gusta el olor a ajo, que es un condimento imprescindible en la elaboración del buen chorizo, por eso en España la citada vianda la tenemos hasta en los ministerios, presidencias de todo organismo, diputados de todos los parlamentos, alcaldías, concejalías y demás recovecos de la patria. Le dije que cuando en alguna ocasión el protocolo social exige asistir a algún evento con los trapos recién planchados, tengo la costumbre de meter unos ajos por los bolsos para oler a español. En lugar de adornar el bolsillo superior de la chaqueta con un pañuelo de seda como un chulapo de Madrid, pongo en su lugar una loncha de jamón, que es la envidia del mundo culinariamente civilizado y además, uno de los grandes inventos que la especie humana ha creado para disfrute y regocijo de mandíbulas y tragaderas ociosas. Le conté a la perfumista la historia cuando los peregrinos españoles y los que venían de los países de allende los Pirineos compartían camino hacia Santiago de Compostela para redimir sus pecados. A la vez que confraternizaban compartiendo sus viandas. Los franceses, a nuestro hasta entonces pernil del cerdo lo llamaban “yamón,” los españoles adoptaron tal palabra castellanizándola con nuestra J y así es conocido desde entonces, como “jamón,” admirado y degustado en el resto del mundo civilizado. No hay ningún método mejor para españolizar algo que una jota y un jamón. Me dijo la perfumista que como sabía tanto, le dije que por que soy viejo y la sabiduría me persigue, pero yo corro más. Literatura. Entretenimiento de un ocioso. 0 Para un jubilado, mirar es un entretenimiento descansado que se puede hacer de muchas maneras, menos dormido o a oscuras. Se puede hacer sentado en cualquier sitio y observar el cielo, tarea apasionante esté solo azul, o lo adornen las nubes que le den su aspecto y contenido natural. Uno de los muchos días que dedico a observar el mundo, lo hacía en una plaza muy concurrida del centro de la ciudad. Se sentaron a mi lado un hombre y una mujer que no se si serían matrimonio pero pareja sí, porque eran dos y en España, de momento y hasta que no surja un movimiento socio-gilipollas que diga que las parejas son de tres, dos son una pareja, sea de guardia civiles, de sandias o de tetas. Después de las primeras palabras sobre el buen tiempo que hacía, comentamos que sería bueno que lloviera, aunque no tenía aspecto porque no se veía ni una nube, el cielo era todo azul y yo le dije a la señora si creía que el cielo era azul, me miró sorprendida como si en aquel momento creyera que había tenido la mala suerte de sentarse al lado de un loco y me contestó ¡pues claro que es azul! En aquel momento pasaba un avión y le dije; mire aquel avión vuela a doce mil metros de altura y vemos que el azul está detrás, lo que quiere decir que del avión para acá el cielo no es azul, o no hay cielo. A pesar de ser de día, hacia el cielo de Puente Duero se veía la luna y le dije a la señora, mire, ¿ve usted la luna? Pues está a 385.000 Kilómetros de distancia y el azul sigue estando detrás, por consiguiente si el cielo es azul lo será de la luna para allá, si la capa azul estuviera de la luna para acá no la veríamos. Por la noche vemos las estrellas y están algunas a años luz de distancia ¿sabe usted cual es la velocidad de la luz? Pues imagínese usted que el AVE corre a 300 K/h y la luz corre a 300.000 K/” y a pesar de correr tanto, la luz de algunas estrellas tarda años en llegar a la tierra y el azul sigue estando detrás. La señora me dijo que yo sabía mucho y le dije que a mí siempre me habían pagado por lo que sabía, que si me hubieran pagado por lo que no sabía no hubieran tenido ni la Renault ni el gobierno dinero bastante para pagarme. Como el nivel cultural de la pareja se encuadraba perfectamente para conducir la charla hacia la conversación jocosa comenté que hay cosas que se y otras que no sé, entre las que se, está decir el rosario en castellano y en latín, que yo he leído la biblia, los evangelios y el catecismo del Padre Astete, por eso soy ateo convencido; la mujer me dijo que ellos eran católicos y que los domingos iban a misa, le dije que eso estaba muy bien, le pregunté a la iglesia que iban y me dijo que a la de San Antonio, le pregunté que si sabía cómo se llamaba San Antonio de Padua y me dijo que como se iba a llamar pues San Antonio y le dije que no, que san Antonio se llamaba Francisco Martims de Acebedo y que no era de Padua, sino de Lisboa y que si pensaba volver el domingo a misa, fuera con una bolsa de tomates para tirárselos al cura por no haberle explicado los avatares del tal Paco para la familia y Antonio para los que creen en las bobadas del imperio vaticano. Di por terminada la charla e inicié el camino de regreso hacia los garbanzos. Cuando pasaba por la Calle Ferrari, una señorita empleada en un establecimiento de perfumería ofrecía a los viandantes una muestra de perfumes depositando una gota en el dorso de la mano. Le agradecí su oferta pero le dije que en lo tocante a perfumes tengo mi propio criterio, me guio por las reflexiones de Don Francisco de Quevedo y Villegas, que en aquel siglo que le tocó vivir que llamaron de oro, dijo que una de las causas y no de las menores por lo que en España las cuentas del tesoro siempre marcaran la ruina, era que nos gastábamos en importar de Francia perfumes, afeites y otras extravagancias para dar resalte a la frivolidad femenina. Le dije a la señorita que mis gustos aromáticos y estéticos son los propios de un español, muy español como diría Rajoy. Me gusta el olor a ajo, que es un condimento imprescindible en la elaboración del buen chorizo, por eso en España la citada vianda la tenemos hasta en los ministerios, presidencias de todo organismo, diputados de todos los parlamentos, alcaldías, concejalías y demás recovecos de la patria. Le dije que cuando en alguna ocasión el protocolo social exige asistir a algún evento con los trapos recién planchados, tengo la costumbre de meter unos ajos por los bolsos para oler a español. En lugar de adornar el bolsillo superior de la chaqueta con un pañuelo de seda como un chulapo de Madrid, pongo en su lugar una loncha de jamón, que es la envidia del mundo culinariamente civilizado y además, uno de los grandes inventos que la especie humana ha creado para disfrute y regocijo de mandíbulas y tragaderas ociosas. Le conté a la perfumista la historia cuando los peregrinos españoles y los que venían de los países de allende los Pirineos compartían camino hacia Santiago de Compostela para redimir sus pecados. A la vez que confraternizaban compartiendo sus viandas. Los franceses, a nuestro hasta entonces pernil del cerdo lo llamaban “yamón,” los españoles adoptaron tal palabra castellanizándola con nuestra J y así es conocido desde entonces, como “jamón,” admirado y degustado en el resto del mundo civilizado. No hay ningún método mejor para españolizar algo que una jota y un jamón. Me dijo la perfumista que como sabía tanto, le dije que por que soy viejo y la sabiduría me persigue, pero yo corro más.

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