La España vaciada.
La España vaciada.
Hace tiempo que los políticos y los medios de comunicación y propaganda han puesto de actualidad el asunto de la población y su desigual reparto en España. La mayor parte se concentra en las ciudades, principalmente Madrid, Barcelona y la costa mediterránea y al centro, las dos Castillas, Aragón y Extremadura lo denominan como la España vaciada. Los que se han refugiado en la política como alternativa al paro, gente ociosa, dotada de verborrea incontenible, pero sin tener ideas sobre nada, oyen a la gente que aún vive en los pueblos denunciar que se están quedando solos, porque los jóvenes se fueron a las ciudades y los viejos se mueren, al asunto lo han convertido en tema de charla, pero, ¿Saben los políticos de lo que hablan? Yo creo que no; hablan de la despoblación del campo unas veces y otras de la despoblación de los pueblos y no es igual. Los pueblos se están quedando sin gente, es cierto, pero en el campo no hay una hectárea sin cultivar.
El campo se empezó a vaciar en los años cincuenta del pasado siglo cuando se dejó de cultivar con mulas y bueyes y empezaron los primeros tractores. Un tractorista con un tractor cultivaba más tierra en un día que seis gañanes con seis parejas de bueyes en una semana. Cuando uno de los gañanes se convirtió en tractorista, los otros cinco sobraron y se tuvieron que ir a la FASA, a Bilbao, a Barcelona o a Alemania. Un maquinista con una cosechadora recogía más grano en un día que cien parejas de bueyes y de mulas en la era en tres y empezaron a sobrar, el herrero que hacía las herraduras para las mulas y los bueyes y las chanclas de los gañanes y el guarnicionero que proveía de arreos a los animales. Aquella manera de trabajar la tierra hacía que los pueblos estuvieran llenos, de pobres, pero llenos. La maquinaria con la que se cultiva la tierra ha evolucionado tanto que el término de un pueblo de secano lo trabajan entre dos personas con un mes de trabajo al año y no necesitan vivir en el pueblo. En definitiva, a los pueblos los ha vaciado la tecnología y como esa tecnología seguirá avanzando y las mulas no van a volver, los pueblos seguirán vaciándose e incluso desapareciendo.
Todas esas circunstancias del trabajo y quizá otras muchas, han hecho la “España vaciada” de la que hablan los políticos, pero ¿Qué solución ponen para recuperar la vida de los pueblos? Sólo le oigo decir, como única alternativa, llevar el internet de banda ancha hasta el último rincón, no digo que eso no sea bueno, no hay porqué rechazar lo que los nuevos tiempos traen, pero también pudiera ser que fuera para que nadie esté libre de tener un recibo más que pagar a final de mes, de la imaginación demostrada por los que se dedican a la política no me fio. Los personajes que conquistan los puestos del gobierno son más eficaces sirviendo a las empresas multinacionales, que luego les colocarán con gran sueldazo cuando dejen la política, que al populacho que les han votado.
Los que siguen viviendo en los pueblos reivindican que les sigan prestando la asistencia sanitaria, a la que tienen derecho como cualquier otro ciudadano. Pero aquí se plantea un problema, la asistencia sanitaria a las zonas rurales la tiene que prestar exclusivamente la sanidad pública porque a la sanidad privada no le es rentable.
Tenemos que tener en cuenta que los personajes que han caído sobre los puestos de la administración sanitaria están para gestionar el trasvase del colosal negocio sanitario hacia los interese privados. Hay que recordar, otra vez, que el empresariado español es el más inútil de la OCDE, que sin las mamandurrias y pelotazos que le conceden los gobiernos con las privatizaciones y concesiones varias no sobreviviría, aquí espacios productivos para enriquecerse están muy limitados, la creatividad está cercana al cero patatero
Los personajes y personajas que han aterrizado en la política sobre el campo, nunca le he oído decir ni una palabra sobre los precios que reciben los campesinos por sus productos. Hoy, febrero de 2020 vale un kilo de trigo solo cuatro céntimos más que en el año 1994, un litro de leche o un cordero valen menos que hace veinte años, las uvas al viticultor le valen menos que hace veinte años. Todas estas cosas no incentivan la vida en el campo.
Un alto porcentaje de los pueblos que en la actualidad tienen menos de cien habitantes tienen que desaparecer, las demás alternativas son demagogia. En tiempos antiguos, cuando esos pueblos se fundaron había que vivir cerca de la tierra que se cultivaba. Adonde antes se tardaba en llegar una hora, ahora se tardan cinco minutos. Ahora sobra el pueblo.
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