Viaje a Madrid noviembre 2015.

Viaje a Madrid noviembre 2015. Era un día de finales del otoño cuando hice un viaje a Madrid con intención de visitar la Biblioteca Nacional, monumento a los libros fundado en el siglo XVIII por el primer rey Borbón Felipe V. Hice el viaje en un transporte público por carretera cruzando algunos pueblos, bosques de pinos a ambos lados de la ruta y algunos viñedos con las hojas pardas y bermejas ya cayéndose por la inminente llegada del invierno. Algunos pasajeros dormitan en sus asientos mientras otros manipulan sus teléfonos móviles que es la última moda impuesta por las multinacionales del consumismo tecnológico. Méndez Álvaro. El día es soleado, solo una ligera brisa mueve las amarillentas hojas de los árboles de parques, calles y jardines, alguna nubecilla blanca resalta sobre el contaminado firmamento de la gran ciudad. Como disponía de tiempo libre y en las inmediaciones se encuentra el palacio que sirve de sede de la Presidencia del Gobierno, me acerqué para observar de cerca el lugar desde donde se toman las decisiones para que unos se hagan cada vez más ricos a costa de que otros sean cada vez más pobres. Cuando me acerco a las inmediaciones del citado palacio un extraño ruido procedente de la zona del edificio llega hasta mí y observo con estupefacción que los cristales de las ventanas saltan hechos añicos, el techo se hunde, las columnas de la entrada principal se caen y el balcón que sustentan se viene al suelo. Los viandantes que circulábamos por la zona, aterrorizados y sorprendidos, no dábamos crédito a semejante acontecimiento. Temerosos que fuera un atentado terrorista intentamos huir del lugar; pero un hombre ya entrado en años, bien vestido y con aspecto de haber estudiado, dijo que un atentado no parecía porque no se había oído ninguna detonación y que aunque hubiera explotado el encendedor de los puros del presidente no era suficiente explosión para ocasionar tamaña catástrofe, que el edificio había sido restaurado en tiempos de Franco, que en aquellos tiempos no se escatimaba el cemento más que en las casas de los pobres, en palacios y pantanos se gastaba el que hiciera falta. Por Madrid habían pasado tempestades, huracanes, conflictos armados, ni siquiera las guerras lo habían destruido de la forma que ahora contemplábamos. En pocos momentos todo se convirtió en un montón informe de cascotes y escombros, una nube de polvo cubrió los alrededores. En unos minutos una muchedumbre de curiosos rodeó el palacio; gente uniformada, con armas en las manos rodeó el recinto palaciego impidiendo que la gente se acercara más de lo conveniente. Unos ladrones de chatarra que pasaban por el lugar con su “fregoneta” intentaron entrar para cargarla de despojos pero no les dejaron entrar. Surgieron de entre la multitud de curiosos los más variados comentarios. Descartamos el terremoto, porque solo el palacio estaba derruido y ningún edificio de los alrededores tenía el más mínimo daño. Tampoco podía ser un rayo porque el cielo estaba despejado y solo unas lejanas nubecillas blancas como masas de algodón se veían. Ninguna explicación lógica encontrábamos los estupefactos ciudadanos a los que el destino nos puso en el momento y en el lugar exacto para ser testigos del acontecimiento más extraordinario de la historia del mundo. Hasta ahora los palacios de los gobernantes fueron asaltados, saqueados, bombardeados, incendiados, los hombres pasados a cuchillo, las mujeres violadas y los niños colgados de estacas. Toda clase de barbaridades a lo largo de la historia cometieron los gobernados con los palacios de los gobernantes, aunque nunca tantas como los gobernantes con los gobernados; el hambre y la miseria nunca proporcionaron seguridad a los gobernantes si los gobernados formaban un pueblo con entereza y valor suficiente para enfrentarse a las desgracias que los gobernantes les proporcionaron. Hasta es posible que a algún gobernante benéfico y pacífico le sorprendiera algún terremoto, la erupción de algún volcán o una exterminadora tormenta mientras ejercía su benefactora acción a favor de sus súbditos o se refocilara con alguna princesa o cortesana, pero que se cayera el palacio por sí solo, sin causa aparente es caso único en la historia del mundo. No solamente ha causado asombro a la humanidad entera la forma en que se ha destruido el palacio, sino que sus moradores y empleados hayan salido sin un rasguño. El primero en salir de entre los escombros fue el ministro mas enano del gobierno, y a la primera pregunta que le hicieron sobre la catástrofe, contestó que estaba muy satisfecho porque el FMI había pronosticado un crecimiento del PIB aun mayor que el previsto por el gobierno. A continuación fueron saliendo de entre los escombros ministros, ministras, subsecretarios, subsecretarias, asesores, asesoras, consejeros, consejeras, etc., etc., etc. A los ministros y altos funcionarios parecía que los habían pintado con acuarela, tal era el aspecto de sus trajes azules o sus corbatas color fosforito manchados de polvo. A la ministra más fea del gobierno le preguntaron si no se encontraba bajo la advocación de la Virgen del Rocío y contestó que ella sí, pero que al palacio le había pasado como a los parados, que se había ido a pique, porque la citada virgen no tenía jurisdicción celestial sobre esos asuntos, pero que de todas las maneras se encontraba muy satisfecha porque se prorrogarían los contratos de la Navidad para recoger los escombros y reconstruir el palacio se iban a crear tropecientos mil puestos de trabajo. Una señora de aspecto distinguido y de edad indefinida, esa edad cuando nos abandonan los últimos rasgos de la juventud y nos disponemos a inaugurar los primeros de la vejez, que llevaba sujeto con una correa a un pequeño can con cuerpo de rata y cabeza de león, tal era la desproporción entre el pelaje del cuerpo y de la cabeza, dijo que iba a mandar un Wasap con las fotos del derrumbe a su hijo que había estudiado ingeniería mecánica y ahora estaba en Holanda conduciendo una furgoneta de reparto, que era el oficio más parecido a la mecánica que había encontrado. Deduje que la citada señora era creyente porque dijo que Dios castiga la mentira, que el octavo mandamiento de su Ley dice “no levantarás falso testimonio ni mentirás” y nunca hubo un gobierno más mentiroso que este; pero que Dios en su infinita benevolencia, había decretado que por financiar generosamente a los del imperio vaticano solo les había mandado un aviso. Otro señor que se había incorporado a la muchedumbre de curiosos hacía un momento y que ostentaba un bigotillo de general de taberna, a las preguntas de un despistado periodista, le dijo que probablemente el causante de tan extraño derrumbe sea del ex presidente Zapatero, que durante sus años de estancia socavara los cimientos para que se viniera abajo en el preciso momento en que el gobierno actual va a abandonar el citado palacio porque los jueces dijeron que son una banda criminal para delinquir y una banda con ese calificativo no puede estar al frente de nada.. Cuando salió de entre los escombros el ministro del interior, le preguntaron si consideraba que las influencias del pequeño Nicolás pudieran estar detrás de tan extraño caso. Dijo que como punto de partida para las investigaciones que comenzarían inmediatamente, no se descartaría ninguna hipótesis. En ninguna situación, por dramática que sea falta un español con profundo sentido del cachondeo patrio, uno dijo que estos pájaros sí que podían vanagloriarse de dejar a España como a un solar, porque hasta del palacio del presidente solo han quedado los escombros Le preguntaron a un cargo de tercera categoría que está al frente del departamento de las nuevas tecnologías (el gobierno no considera necesario que para una cosa así tenga que haber un ministerio, si en España no se fabrica nada de eso) que si el gobierno pensaba nombrar una comisión parlamentaria para investigar tan extraño caso y contestó que sí y que se llamaría “comisión medio mega” porque la iban a componer 512, todos del partido del gobierno saliente, y que se nombraría otra comisión, con otro medio mega (otros 512) para que buscara nuevo alojamiento al futuro presidente hasta que se reconstruya el derruido palacio. El presidente actual se irá a sus notarías, que para eso las ha privatizado para él, para su hermano y demás familia. Se preparó una discusión entre un grupo de curiosos sobre quién pagará su reconstrucción, unos dicen que los catorce millones de pobres, como siempre y otros dicen que la paguen esos ochenta y cinco españoles que tienen tanta riqueza como esos otros catorce millones. Intervienen otros diciendo que como han ganado las elecciones los treinta y tantos millones de víctimas de la crisis, que probablemente le hagan pagar las obras a los del IBEX 35, que son los que se han beneficiado de esta colosal estafa a la que algunos llaman crisis. Un aficionado a la arqueología que había entre el grupo de curiosos dijo que habría que hacer excavaciones para ver si en el subsuelo del palacio se encontraran tumbas celtibéricas o romanas y que en sus sarcófagos se hubieran estremecido de placer al saber que los más estúpidos y trileros inquilinos que habían soportado sus viejos huesos a lo largo del tiempo, iban a abandonar el recinto. Para tranquilizar a tan alborozados espíritus han propuesto que un jubilado jerarca de la religión se disfrace con sus carnavalescos ropajes e intente asustar a las alborozadas almas de los supuestos celtiberos. También se ha descartado que a través de los recovecos de lo más profundo de los abismos, la tierra se haya tirado un resoplido a manera de un enorme pedo con la fuerza que le sobró en Nepal en el terremoto que asoló aquel país el pasado mes de abril. España y su capital, Madrid, son noticia en todos los periódicos del mundo. Las ruinas del palacio de la Moncloa son filmadas por televisiones de todos los países; jamás los terremotos tuvieron tanta puntería como para derribar un solo edificio en medio de una gran ciudad. En todas las ciudades de España hay manifestaciones con sentimientos encontrados, unos simplemente se alegran de que el gobierno haya perdido las elecciones y se le haya caído la casa encima y otros lamentan que no se les haya rotos unos cuantos huesos a sus moradores. Somos el asombro del mundo, porque desde ahora tendremos un lugar de peregrinación muy superior a Fátima, Lourdes e incluso el mismo Vaticano. Un milagro de estas características solo pueden pasar en la reserva espiritual de Occidente. Dios ha castigado al gobierno por mentiroso y creador de muchos pobres y unos pocos muy ricos. Loado sea Dios.

Comentarios

Entradas populares